logotipo de OALA





(continuación)

II.- LA CONQUISTA DE LAS ISLAS FILIPINAS

Que estamos los [e]spañoles ynfamados en esta tierra
y aborrecido nuestro nombre,
y aún el Sanctisimo Nombre de nuestro Señor,
como usurpadores de lo ageno,
co[r]sarios sin fee y derramadores de sangre humana.

 Una de las glorias de la sociedad Novohispana del siglo XVI, fue la conquista material y espiritual de las Islas Filipinas, cuestión que hoy apreciamos de diferente manera, puesto que nos sentimos totalmente ajenos a la misma. La razón era obvia, puesto que la inmensa mayoría de sus participantes estaban establecidos aquí desde hacía muchos años o eran nativos de estas tierras.

La expedición definitiva, comandada por Miguel López de Legazpi, estuvo proyectada por Fr. Andrés de Urdaneta, para cristianizar con sus hermanos Nueva Guinea, y de allí dirigirse a Filipinas con el fin de rescatar a los españoles que se encontraban cautivos desde las anteriores expediciones que no habían logrado dar con el tornaviaje, fin principal del fraile. Tal se había acordado con el virrey Luis de Velasco, padre; sólo que la muerte de este en vísperas de partir, hizo que la Audiencia diera una instrucción secreta a Legazpi, que debía abrirse hasta que estuvieran a cien leguas distantes de la costa; cuando se abrió el sobre, se dieron cuenta que allí se ordenaba dirigirse directamente a las Islas Filipinas, los frailes se sintieron engañados y dijeron que de haber sabido no hubieran zarpado en la flota. La razón estribaba en que Urdaneta no estaba seguro de que tales Islas pudieran ser ocupadas lícitamente por la monarquía española. Posteriormente en Madrid, 8 de octubre de 1566, en una junta de cosmógrafos, admite, que después de observaciones hechas por él y su hermano de hábito el matemático y cosmógrafo Fr. Martín de Rada, las filipinas quedan dentro en el empeño ... de 1529, entre los reyes de España y Portugal, pero que los españoles debían los 350,000 ducados que habían garantizado el acuerdo, porque se cruzaba el meridiano pactado.

Urdaneta emprendió el tornaviaje el 1 de junio y llegó felizmente a Acapulco el 30 de octubre de 1565; finalmente se habían encontrado los secretos del océano pacífico. Los primeros tiempos de quienes se quedaron en las Islas fueron bastante duros y sobre todo sin una decisión clara respecto a la colonización, estuvieron pendientes del éxito de Urdaneta, pero mas que nada porque se trataba del único auxilio que les podía llegar de sus compatriotas. Legazpi no lograba entenderse con los nativos, quienes se mostraban temerosos y no cumplían los compromisos que establecían con los recién llegados. La situación se volvió tan crítica, que hubo dos intentos por abandonar las Islas, lo que se vieron como una traición y concluyeron con la ejecución de los cabecillas; Legazpi se resistía a invadir las tierras indígenas. Finalmente en enero de 1567 regresó Juan de Salcedo con dos naos, víveres y 300 hombres de Nueva España. Todavía tendrían que soportar el bloqueo de una armada portuguesa que les intimó salieran de sus territorios, tres meses duró el cerco que se inició el 2 de octubre, la peste los ayudó obligando a la armada portuguesa a retirarse. El 24 de mayo de 1571 se fundaba la ciudad de Manila, iniciándose así la colonización de las Islas. Este cambio se debió a que el 14 de agosto de 1569, Felipe II decidió asentarse definitivamente, lo que se conoció en las Filipinas hasta el año siguiente, sólo entonces se inicia también la evangelización.

Mientras vivió López de Legazpi (+ 21.VIII.1572), le echan la culpa los agustinos de los abusos que los soldados cometen contra los Indígenas, cuestión que se corrige a su muerte, al conocer que murió perfectamente pobre, pues sólo tenía 460 pesos que había pedido prestados pocos días antes; y porque el sucesor Guido de Lavezares tuvo menores simpatías de los frailes. La situación es fácil de entender, puesto que los extranjeros tratarán de mejorar la situación que tenían en Nueva España, para ello habían puesto en juego su vida; y los nativos no estaban dispuestos a cambiar sus normas y formas de vida, por lo que optaron por hacer la vida desagradable a los forasteros, abandonaban sus cultivos, no les vendían provisiones, huían de sus pueblos, etc. Para la Corona el asunto representaba una empresa mercantil que debía hacerse rentable comercializando las especies, para los Frailes se trataba de un asunto misional, dos visiones que inevitablemente se contraponían en la práctica.

No tenemos en este caso un tratado concreto que analizar, sino que el modo de pensar y de obrar está plasmado en las cartas y pareceres de los frailes. Todos los cuales estaban en contra de la situación que vivían, como lo señala Fr. Diego de Herrera en una carta al Rey, donde le pide que intervenga para poner orden porque de lo contrario todo perecerá, puesto que se están destruyendo aceleradamente las Islas.

Fr. Diego acababa de regresar de un viaje a Nueva España, así que le urge informar no sólo al Rey, sino también al Virrey a quien se ve tiene más confianza y le da más detalles: Yo allé agora la tierra tal y tan destruida y la gente con tanta libertad para el mal, y tanta la licencia y la desverguenza en el rrobar y asolar la tierra, y cautibar y vender los naturales, y hacerlos esclavos, y supe de tantas muertes y de tanta sangre como este año pasado se á derramado sin culpa de los pacientes, que cierto me pesó en el alma aver visto tanto mal y ofensas de Dios, y tanta falta de justicia y castigo y de quien se duela dello, y siquiera trate del remedio; Vuestra Excelencia sepa que en todo el tiempo que antes se avía estado en estas yslas no se avía hecho la mitad del daño queste año se á hecho, ni creo se ará en otros muchos años, y ellos mesmos lo confiesan. .... Estímase en tan poco quebrar la paz y seguro que a los naturales se da, que me certifican que acaeció agora en este mesmo viaje de Luzón, topar el maestre de campo con juncos de la tierra por la mar, y darles cartas de paz y seguro, y los propios soldados, que con él estavan, los rrobavan y ningún castigo avía dello .... y un caudillo va oy a un pueblo y los rroba, los dexa después de paz, y aún dan tributo sobre toda su desventura, y quedando desta suerte y con una cédula de paz. Mañana buelve otro y los acaba de rrobar y de hazer esclavos a todos, y esto pasaba ya cada día.

Donde tenemos la primera reflexión conjunta de los que pensaban los agustinos de la colonización de Filipinas, es en una memoria que le dan a Fr. Diego de Herrera para que, en su nombre, trate ante el Rey o el Consejo de Indias, parece ser de 1573. Allí confirman el modo como se ha conquistado la tierra, arriba citado. Que además, a los Indígenas amigos que han pedido ayuda no se les ha dado, ni defendido de los corsarios. Que se da por guerra justa en consejo de guerra, si los yndios dizen que no quieren el amistad de los spañoles, o si hazen algún fuerte para defenderse, y a estos matan, cautivan, rovan, queman las casas, citan varios ejemplos, uno en particular de Cainta donde desde lo alto de una palmera, la noche anterior al ataque, un indio grito: Spañoles ¿qué os hizieron o devieron nuestros padres, porque nos vengais a rovar? Mataron mucha gente porque desafiaron a los españoles, sin haber existido resistencia.

También se juzga por guerra justa en el consejo de guerra, con lo que se destruyen los pueblos y se hacen esclavos, si en él an muerto algún spañol, sin considerar qué ocasiones dio el muerto o qué agravios hizo. Estos castigos se ejecutan sin advertir quienes son los culpables, a veces sólo es uno y castigan a todo un pueblo, y casi nunca paga el culpable, quien huye. Un ejemplo, en Bohol mataron a Bejarano, por demasiadas exaciones que hazía en cobrar los tributos, y como en el pueblo que lo mataron no encontraron gente, capturaron siete indios de otro pueblo, a quienes ahorcaron, porque confesaron que avían savido antes quando se concertavan los otros para matarlo.

Que lo que llaman tierra conquistada y en paz es: que algún capitán o caudillo con gente pasó de pasada, y les dixo que si querían paz con los spañoles que les diesen tributo, sin otra causa ni razón. Que con no más pacificación questa se á repartido y reparte la tierra, y el encomendero, tomando consigo algunos compañeros, va al pueblo o pueblos que le an dado, y el parlamento que les haze es dezirles: mirad que soy un amo que el governador me os á dado; yo os ampararé de que otros spañoles no os agravien, ... sin hazer minsión de Dios ni del Rey, y luego demandar el tributo cada uno lo que puede sacar sin medida, a los Luzones les han pedido tres o cuatro taels a cada uno, y a los Pintados dos o tres, lo que es excesivo, con gente que nunca supo antes lo que era dar tributo, y si no lo aceptan les queman casa y pueblo. Que muchos encomenderos se pasan casi todo el año en sus encomiendas siendo gravosos y molestos a los Indígenas.

Que no se haze caso de la dotrina, no se da favor ni ayuda a los Religiosos para ella, antes hasta agora an contradicho de que no nos apartemos ni hagamos casas entre los yndios, sino que vivamos entre los spañoles, por lo cual solo pocos se han convertido, dicen: que es muy temprano, como si con una palabra se lo pudiese quitar [sus ritos]. De hecho a los Indígenas que viven más cerca de los españoles, se les ha hecho trabajar más y ni con palabras se lo agradecen, por lo cual ay muy pocos naturales baptisados fuera de Zubú. En general existe muy poca cristiandad en los españoles, haciéndo poco caso al culto divino y a sus ministros, que ni siquiera jacales honestos se han construido para las celebraciones litúrgicas, habiendo mucha disolución con mujeres aún infieles.

Que se han cautivado injustamente a muchos esclavos, y para que no se los quiten, y regresen a sus tierras, fraudulentamente les hacen pedir el bautismo. Muchas islas y pueblos están destruidos, parte por los españoles y parte por hambres, al huir de sus pueblos por miedo al español dejan de sembrar, y cuando retornaron llegaron plagas de langosta, y ha muerto mucha gente de hambre. Que a los pueblos donde van los españoles, se autonombran jueces de los naturales y juzgan conforme se les paga.

También informan de la organización social de los Indígenas, cómo viven en familias donde el más rico es quien manda, y se tiranizan y rovan unos a otros. Hay diferentes clases de esclavos: unos de ynmemorable memoria, ya sus abuelos lo eran; otros por préstamos y deudas, donde se usa mucho la usura, otros por delitos o por aver hurtado, por poco que sea, o levantado testimonio, o atrevídose en palabra o en hecho contra algún principal; otros, los menos, por haber sido capturados en guerra. No se sabe donde está la justicia, es gente tan mal ynclinada, que cuando hallan ocasión, no guardan la cara al amigo. Después que llegaron los españoles hay otro género de esclavos, vendidos por hambre, el padre al hijo, el hermano al hermano, el tío al sobrino, etc., por poco precio, vendiendo a quienes no podían vivir por si mismos, de este modo el que comprava hazía misericordia al comprado.

¿Qué se pide al Rey? Que para que reine la justicia: Ponga remedio dando las instrucciones pertinentes para lo que falta por descubrir, y ordene se satisfaga en algo los pueblos destruidos por los españoles y por los tributos. Que todos los Indígenas que han sido cautivados por los españoles se rescaten y se regresen a su tierra. Que si su Majestad permite que haya esclavos en poder de los españoles, como existen entre los mismos Indígenas, no se permita que los saquen de sus tierras, porque se despoblaría la tierra, y que se rijan conforme a los usos y costumbres de las Islas donde la esclavitud es muy blanda, y al que los maltrate se le quiten. Para todo esto envíe el Rey hombres que no estén alacranados, ni estén prendados por dádivas o empréstitos, como lo están los de acá.

Que a los Principales se les trate como tales, para que no paguen tributo, ni los puedan poner presos, que lo sienten mucho, porque entre ellos sólo a los esclavos que huyen se les hace eso, y ahora muchas veces lo tienen que sufrir por culpa de los esclavos que se les huyen, por el poco mando que tienen sobre ellos.

En cuanto Herrera llegó a México pidió el parecer de teólogos, quienes lógicamente reprobaron la jornada del oriente, porque sin haberles predicado a los Indígenas el evangelio los hazían tributarios y se repartía la tierra, en consecuencia no se podían enviar soldados, mientras no se les asegurara un sueldo y comida, porque de lo contrario debían tomarla por la fuerza, por lo cual el Virrey pecaba enviándolos, aunque lo hiciera por orden del Rey. Esto por supuesto que disgustó a Don Martín Enríquez, quien se queja al monarca, porque esto lo habían hecho a sus espaldas, sin tomarlo en cuenta, y en consecuencia no permitió que Herrera viajara a España. En otra carta, corrobora lo anterior y describe las presiones que padecía en Nueva España, afirmando que la citada conquista Filipina, tiene aquí mal nombre por la ruin orden de allá, ... y apretaron tanto los frayres que me pusieron en punto que pecava mortalmente en embiar soldados y en obedecer en esto a Vuestra Magestad. De todos modos los envió.

Mientras tanto en las Islas, me imagino que el nuevo gobernador Guido de Lavezares estaba cansado de tantas críticas de los frailes, por lo que pidió oficialmente su parecer al provincial Fr. Martín de Rada, quien reunió a los que pudo el 21.VI.1574, alli acordaron lo siguiente: Los españoles no tienen justo título sobre ninguna de las tierras de las Islas, porque se apoderaron de ellas en contra de la voluntad manifiesta del emperador, quien no deseaba emplear la fuerza de las armas para la conquista, por lo que ningún gobernador o capitán la pudieron hacer sin mandato expreso de su Majestad, y consta lo contrario, porque a todas partes se ha ido con la fuerza armada, se les ha requerido a los Indígenas que sean amigos y de inmediato les piden tributo, y si no se los dan, les hacen la guerra a sangre y fuego; después de haberles matado mucha gente y destruido el pueblo, en algunos casos, les envían a llamar de paz, y llegando los Indígenas por no andar perdidos a dezir que quieren ser amigos, les piden de inmediato el tributo, como lo han efectuado recientemente en Camerines, y cuando abandonan sus casas y huyen al monte por miedo, les queman sus casas y les hacen otros muchos daños. Han robado otros pueblos sin esperar una respuesta de paz, ¿Qué título a avido para todos estos sujetarles y ponerles trebuto? Y si hubiera alguno ¿Con qué conciencia se les pide trebuto adelantado antes que nos conoscan, ni se les aya fecho beneficio ninguno? ¿Con qué título se les a dado tres rrepelones de cantidad de oro a los Ylocos, sin tener otra comunicación ni trato con ellos más de yr allá y pedirles el oro y bolberse? Y lo mismo ocurre con los otros pueblos apartados de los españoles. ¿En todo esto está claro que es ynjustísimamente llebado?. En consecuencia, quien los manda, principalmente el capitán, los soldados, quienes lo aconsejan, quienes pudiendo estorbarlo no lo impiden, quienes pudiendo restituir no lo hacen, todos y cada uno de ellos son culpables del daño.

Lo mismo se puede decir de los pueblos vecinos a las poblaciones de los españoles, porque aunque se les proporcione alguna doctrina, y bajo el amparo de los españoles estén más seguros de sus enemigos, y se les haya satisfecho por algunos agravios, no dejan de recibir gran molestia y agravios, siendo que ellos eran libres y no fueron reducidos al vasallaje en buenos términos; y faltando la rayz y el fundamento, todo lo que se edifica es falso.

Para que exista un justo título, no existe razón suficiente con el mandato del Rey de que se reparta la tierra y se hagan encomiendas; porque se le informó mal, diciéndole que sin guerra, por su propia boluntad, se avían dado por basallos. Nosotros hemos sido y somos del parecer que la tierra se reparta, si vamos a permanecer aquí, pero esto para evitar los daños y robos que se hacían, ahora uno sólo hace el daño, sustentando la tierra y no alborotándola.

Se les pide de tributo tres taes de oro a cada Indígena, a los frailes les parece excesivo, pues conviviendo con ellos saben del trabajo e instrumentos con que labran la tierra, y ven como con mucha dificultad se alimentan usando raíces parte del año, y la gente pobre apenas si tiene una manta para vestirse; debido a ello, cuando llega el tiempo de cobrar el tributo, algunos mejor destruyen sus casas, que valen tanto como el tributo, y se esconden; pasado un mes o dos con trabajo hacen otra casa, les exigen el tributo y los apresan hasta que paguen. Muchos encomenderos tienen cepos donde ponen a los Principales que no les pagan el tributo de sus esclavos, cuando estos se han escapado. Por todo esto nos ha parecido que justificado el negocio y sustentando los yndios en paz y en justicia y doctrina, mientras no se tengan otras posibilidades e instrumentos de labranza, no se debe pedir más de un taes en comida y ropa; como se hizo en un principio en Nueva España donde se pagaba el tributo con comida y servicio. Hasta ahora en rrigor de justicia no deben nada los Indígenas, porque lo que hasta ahora se les ha exigido ha sido injusto, por el mal modo como han sido conquistados y porque no se ha guardado el mandamiento del Rey.

¿Qué se debe hacer? La tierra ya está sujeta y repartida, por lo que no existe razón para desampararla, siendo para ello necesario que quienes aquí viven puedan sustentarse. En consecuencia, el Gobernador con parecer de los capitanes deben enviar al Rey una relación fidedigna, de cómo se hizo la conquista, cual es la situación y cómo se cobran los tributos, para que mejor informado pueda proveer lo conveniente; mientras, se tase el tributo en lo menos que se pueda, considerando que no se puede cobrar, y que quienes tienen repartimientos mantengan a los que no tienen; que el taes arriba puesto basta, ayudándose de otras grangerías, y para que esto tenga alguna justificación, el Gobernador procurará amparar a los Indígenas y hacerles justicia, deshacer agravios, castigar a los corsarios, etc., y los frailes procurarán enseñarles la religión cristiana. Lavezares en su carta al Rey, 30 de julio de 1574, envía el parecer anterior con otras cartas de los militares, donde tratan de mitigar y de dar razón sobre la visión de los frailes, ambas partes desde luego se creían justificadas, sin embargo los agustinos no se quedarán tranquilos con su parecer, y van a presionar por medio de la confesión, para lo cual el provincial Rada repartirá un aviso con lineamientos para que todos sepan como tratar a los encomenderos en sus confesiones, 1575?, allí reafirmarán su posición:

1.- La guerra de conquista de las Islas no fue justa, porque no se guardaron las instrucciones de su Majestad, y por el contrario se hicieron muchos robos, latrocinios y tiranías. En consecuencia, sólo porque los españoles vinieron como coadjutores en la predicación del evangelio, se podrán sustentar usando de la piedad cristiana, con tal que mantengan la paz y los soldados que acompañan a los encomenderos no reciban nada de los Indígenas; por lo mismo, en las provincias donde no ha habido doctrina, ni la hay, no se puede recibir tributo, y están obligados a restituir lo ya dado.

2.- Se debe restituir todo lo que hasta aquí se ha tomado injustamente a los Indígenas, preferentemente a las personas agraviadas, o al pueblo donde se tomaron, para que sirva de provecho a la comunidad, por ejemplo en cosas referentes al culto.

3.- Los tributos se deben cobrar a cada persona, y no hacer responsable al Principal del pueblo por todos, maltratándolo; sólo a las cabezas de familia, no a sus hijos o esclavos.

4.- El encomendero que prohiba al Indígena, bajo amenazas, quejarse al religioso de los agravios que le hacen. No dice aquí que pena le corresponde, supongo que es un agravante.

5.- El tributo moderado que el encomendero puede cobrar lícitamente es un taes de oro, y con él deben mantenerse los soldados, pocos o muchos, según la encomienda, y una parte gastarse en obras pías.

6.- No puede ser absuelto, el encomendero que tenga cárceles o cepos, o cobre el tributo por medio de la extorsión; igualmente quien obligue al Indígena a pagar en oro sin tenerlo, o le suba los quilates, o no acepte las especies que tiene el Indígena.

7.- El cobrador de los tributos no podrá recibir ningún salario de los Indígenas, ni el encomendero tener cautivo al Indígena, o recibir el salario por cobrarle sus tributos.

8.- No se debe absolver a quienes yendo a cobrar tributos hallan quemado casas o asesinado personas, hasta que hayan cumplido con todas las satisfacciones y restituido todos los daños, que fueren posibles.

9.- Los Indígenas deben ser eximidos del servicio personal en la encomienda, de tal forma que cuando realicen algún trabajo sean remunerados por él.

Esta rigidez va a dar origen a decisiones gubernamentales, como enviar lo más rápido posible frailes franciscanos y nombrar como primer obispo de las Islas a un Dominico, sólo que faltaríamos a la verdad si no anotáramos que Fr. Martín de Rada en la última carta que sobre el tema envía a Fr. Alonso de la Veracruz, 16.VII.1577, poco antes de morir, difiere o se corrige o aclara, según se vea, lo que antes había pensado y actuado.

Corrobora que las conquistas se siguen haciendo igual que antes. Atestigua, de la misma manera, la poca fidelidad que se guardan los Indígenas entre si, sin cumplir su palabra, ni dar seguridad a nadie. Pero lo que a nosotros nos interesa es lo siguiente: A mi me paresce, salvo meliori iudicio, que esta tierra se pudo conquistar por justos títulos, de lo qual escribiré en otra a Vuestra Paternidad, pues assi me lo manda, y si justamente se pudo conquistar, también retener, aunque la conquista fuesse mal hecha y con mal título. ... Y aunque fuera illícita la conquista, agora no es justo desampararlos por ninguna vía, como Vuestra Paternidad también lo escrive. Digo esto a proposito de que de ay nos escrivieron que los encomenderos si no dexavan las encomiendas y restituyan lo que hasta agora avían llevado, que no podían ser absueltos. A lo qual digo que si la tierra se ha de sustentar, mejor es para los mismos indios que aya encomenderos, que no que no los aya. Porque con las grandes necessidades no dexan de hazer mal los soldados a doquiera que vayan, y los encomenderos buelven por sus indios y los procuran de desagraviar, lo qual no es en los demás pueblos. En lo de restituyr no ay encomendero que pueda restituyr nada sino seys o ocho, que por tener buenas encomiendas tienen algo, pero assí es diez vezes más lo que avrá de restituyr que lo que tienen, a lo que dizen que no, si no cobran más, no tienen de qué sustentarse, y los más darían lo que tienen porque les diessen licencia para salir de la tierra. Assí que las grandes necessidades que se han pasado y passan muchos y la miseria de la tierra y el estar impossibilitados a la restitución con el conoscimiento de su miseria y desseo de redemirla los ha hecho hábiles para ser absueltos; que entienda Vuestra Paternidad que creo ha sido delante del Señor hasta desculpa de lo que se ha hecho en la tierra, a lo menos por la gente común, la mucha necessidad que se ha passado, y es muy diferente hallarse metido en la massa y no saver darles remedio o hablar desde fuera.

Ir a la siguiente parte