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Palabras del Papa

Por las Huellas del Beato Elías


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Beato Elías del Socorro Nieves


Carta a los miembros de la Familia Agustiniana



Queridos hermanos:

Cuando apenas han transcurrido dos años desde la beatificación del P. Anselmo Polanco, Obispo de Teruel-Albarracín, el Papa reconoce públicamente, en el mismo escenario de la Plaza de San Pedro, la santidad de otros dos hijos de nuestra Orden: María Teresa Fasce y Elías del Socorro Nieves. Una monja contemplativa y un pastor de almas, una italiana de origen burgués y un mexicano de humilde extracción campesina. Este reconocimiento constituye una elocuente afirmación de la validez de la espiritualidad agustiniana, en sus diversas expresiones carismáticas, como camino de santidad en la vida claustral o en el servicio pastoral.

Demos gracias a Dios, dador de todo bien, por este regalo que hace a su Iglesia y, de modo muy especial, a nuestra Familia Agustiniana.

Nieves y Fasce son dos agustinos de nuestra época, prácticamente coetáneos. Marietta Fasce nació el 27 de diciembre de 1881. Elías Nieves el 21 de setiembre de 1882. El P. Nieves fue asesinado el 10 de marzo de 1928, cuando tenía 45 años de edad. La M. Fasce murió el 18 de enero de 1947, a los 65 años. La muerte violenta del P. Nieves no pasó inadvertida a la M. Fasce. Dejó constancia de su martirio en un artículo publicado en el boletín del Monasterio de Casia, que ella había comenzado a editar pocos años antes. Les une la cercanía cronológica, la espiritualidad agustiniana, la heroicidad en el ejercicio de la virtud...

P. Elías del Socorro Nieves

P. Nieves
"Todo sacerdote que predica la Palabra de Dios en tiempo de persecución,
no tiene escapatoria,
morirá como Jesucristo en la Cruz
con las manos atadas".

Estas palabras del P. Nieves expresan con realismo una visión clarividente sobre la situación que le tocaba afrontar y su firme decisión, desde la fe, de abrazar la cruz de Cristo, manteniéndose fiel a su ministerio. A pesar del peligro, quiso permanecer con su grey durante el tiempo de la persecución, recordando el ejemplo de Agustín: "Yo, a la vez que os alimento, me alimento con vosotros; concédame el Señor fuerzas para amaros hasta morir por vosotros, ya en la realidad, ya en la disponibilidad" (Serm. 296,5).

Al P. Elías le resultó muy difícil alcanzar la meta del sacerdocio. La enfermedad, la pérdida de los padres, las responsabilidades familiares y la pobreza, habían levantado un muro insalvable entre su deseo de ser sacerdote, largamente acariciado desde la infancia, y la realidad de su vida. Pero, una vez ordenado sacerdote, la entrega a su ministerio fue incondicional. Arriesgó y perdió su vida por las ovejas, alcanzándola para la vida eterna. Como mártir, fue un cualificado testigo de la fe y la caridad (Lumen Gentium, 50).

Mateo Elías Nieves fue frágil de salud desde su nacimiento, teniendo que ser bautizado de urgencia, por el peligro que corría su vida. Después padecería tuberculosis y una ceguera temporal que le dejó como secuela cierta debilidad visual.

Su infancia y juventud fueron difíciles. Principalmente por la pérdida de los padres y de otras personas que, caritativamente, se habían interesado por él. No tuvo oportunidad de estudiar ni de seguir su vehemente deseo de ingresar en la Orden Agustiniana. Maduró su vocación religiosa en una intensa vida cristiana, vivida en su parroquia, donde fue un joven comprometido con la acción pastoral. Sólo muy tardíamente pudo incorporarse al seminario agustiniano. Cuando comenzó los estudios secundarios era un joven que había madurado humanamente por los muchos sufrimientos padecidos, y espiritualmente por su intensa vida cristiana. Asumió, con humildad, compartir aula y régimen de seminario con compañeros adolescentes. Tenía 28 años de edad cuando realizó su primera profesión. En ese momento tan importante de su vida se puso en manos de María, añadiendo a su nombre de bautismo el título agustiniano del Socorro. Fue ordenado sacerdote el 9 de abril de 1916, a los 33 años de edad. Eran tiempos políticamente borrascosos. Sabía que le esperaba un ministerio difícil, pero le urgía el amor a su gente. "¡Sálvalos, Señor, que perecen!", decía con frecuencia.

Ejerció su ministerio en medio de gentes sencillas, entregándose a ellas con alegría y dedicación. La escuela de la pobreza hizo de él un hombre que supo vivir con sobriedad. No eran momentos para empeñarse en grandes obras. Elías del Socorro fue grande en la fidelidad a lo sencillo. Aún así se preocupó del bienestar de su gente, ayudándoles en sus necesidades y dedicando también gran esfuerzo a concluir, en poco tiempo, la construcción de la Iglesia de La Cañada de Caracheo. El llamado "reloj del P. Nieves", con el que ornamentó la torre al concluir su construcción, perpetúa todavía, en el continuo desgranar de las horas, la memoria de este fiel vicario fijo.

Concluyó su vida después de un periodo de clandestinidad, para mantener su servicio pastoral. El P. Nieves no quiso acatar la orden del gobierno de concentrarse en la capital, porque eso significaba abandonar su grey y no estaba dispuesto a alejarse de ellos en horas de dificultad. Quería quedarse "a pesar de todo". Por eso vivió 14 meses refugiado en una cueva, protegido por la caritativa complicidad de sus fieles, que acudían a la gruta a orar, asistir a la eucaristía y recibir los sacramentos.

Las actas del proceso ilustran las peripecias de su prendimiento y muerte, así como el conmovedor acompañamiento de dos de sus fieles que, dejados en libertad por el pelotón asesino, no quisieron abandonar a su pastor. A pesar de su insistente ruego para que se fueran, prefirieron correr la misma suerte del sacerdote agustino. Sus nombres merecen una palabra de recuerdo porque abrazaron, al lado del P. Nieves, la palma del martirio: son los laicos José Dolores y José de Jesús Sierra.

El P. Nieves murió bendiciendo a los soldados que se disponían a ejecutarle y regalando su perdón y sus escasos bienes a su propio verdugo. El momento de su muerte es de una extraordinaria grandeza. Ningún testimonio tan impresionante como el del ejecutor material de su muerte, el capitán Manuel Márquez Cervantes, quien, años más tarde, manifestó: "El P. Nieves murió como un héroe y como un santo". Conservó como recuerdo los lentes y la cobija que le había regalado el agustino antes de asesinarle. Las palabras de San Agustín "si deseas tener vida en Cristo, no tengas miedo a morir por Cristo" (In Ioh. 52,2), se cumplieron en él con exactitud.

Los fieles le consideraron mártir desde la fecha del fusilamiento. Su cuerpo fue trasladado a la Iglesia parroquial y su memoria celebrada desde el primer año, sobre todo en el aniversario de su muerte....

* Estas dos figuras egregias de la Orden de San Agustín nos hablan hoy con la cercanía de sus vidas y con el testimonio de sus obras. Son testigos elocuentes de la fe que profesaron. Convergen en la fidelidad a su vocación y a su ministerio. Rejuvenecieron a Cristo en sus vidas (In Ps. 38,9), vivieron generosamente al servicio de los demás: "El que es perfecto por la gracia de Dios y según el Evangelio, no vive en este mundo sino para los otros, pues ya no le es necesaria su vida en este mundo" (In Ps. 30,2,5).

Teresa Fasce y Elías del Socorro Nieves, nuevos beatos agustinos, son dos relatos de Dios, dos injertos de savia evangélica en la Familia Agustiniana. Sus biografías coinciden con un momento de renacimiento de la Orden, muy notable en varias partes del mundo, después de las grandes supresiones liberales del siglo XIX.

Son personas de nuestro tiempo, recordadas todavía por algunos contemporáneos. Si en la M. Fasce sorprende su capacidad de iniciativa, su intuición organizativa y sus cualidades de gobierno, en el P. Nieves sorprende su sencillez y bondad, su total dedicación a sus fieles, su clarividencia en aceptar la radicalidad del Evangelio hasta las últimas consecuencias.

Con el testimonio de su santidad nos hablan de la raíz de toda vida religiosa, forjada en el seguimiento de Cristo y en el amor a los hermanos.

Que estos nuevos ejemplos inspiren nuestra vida religiosa y, por su intercesión, el Señor nos conceda el coraje de vivirla imitando su entrega y radicalidad.

En nombre mío y del Consejo General recibid un cordial y fraterno saludo en san Agustín.

En Roma, a 12 de octubre de 1997, día de la Beatificación del P. Elías del Socorro Nieves y de la M. Teresa Fasce.

P. Miguel Ángel Orcasitas Prior General O.S.A.