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CAPITULO GENERAL INTERMEDIO 1998

Discurso inaugural

Villanova, Law school, 21 Julio 1998


Bienvenidos, hermanos, a esta asamblea capitular, que convoca a los religiosos con responsabilidad de gobierno en la Orden. Bienvenidos también los religiosos y laicos invitados a participar en nuestras reuniones de reflexión.

Nuestro ordenamiento constitucional señala dos finalidades principales a la presente reunión: evaluar la realización del programa aprobado por el pasado Capítulo General Ordinario y elaborar un documento que pueda tener particular significación para la Orden, en este momento histórico de tránsito de siglo y de milenio.

Por una parte, como leemos en el número 441 de las Constituciones: "La finalidad de este Capítulo es dar cuenta, en consejo fraterno, de la ejecución del programa elaborado por el Capítulo Ordinario, y buscar y encontrar soluciones para su mejor realización; ofrecer al Prior General y a su Consejo ocasión de compartir con los vocales nuevas experiencias y planes, para que éstos expongan sus ideas y aconsejen, sobre todo, en los proyectos más difíciles; proveer o confirmar, si fuera necesario, lo que sea de competencia del Capítulo Ordinario".

MRP Prior General

Misa del Espíritu Santo presidida por el Prior General

Por otra parte, el número 441 bis b) dice: "Además de lo establecido en el n. 441 de las Constituciones, el fin principal del Capítulo [intermedio} es la aprobación de un documento precedentemente preparado y enviado a todas las circunscripciones, sobre una cuestión actual y de gran importancia para toda la Orden. Este tema puede ser indicado por el precedente Capítulo General Ordinario".

y en la letra c) del mismo número: "Sea también finalidad del Capítulo el perfeccionamiento de la formación permanente."

En relación con la rendición de cuentas sobre la ejecución del último programa capitular, cada miembro del Capítulo encontrará entre su documentación el informe que presenta el Consejo General, con una relación detallada de cada propuesta capitular y su grado de cumplimiento, así como las relaciones de las diversas circunscripciones, en las que los superiores informan sobre la ejecución del programa capitular en la propia circunscripción. Tendremos oportunidad de dialogar sobre esta documentación.

Quisiera ahora centrarme en lo que las Constituciones señalan como fin principal del Capítulo, es decir, la aprobación de un documento de interés general para toda la Orden.

Aunque fue el último Capítulo General de 1995 quien determinó, como tarea prioritaria del Capítulo General Intermedio, la aprobación de un documento para toda la Orden, debemos recordar que todos los capítulos generales intermedios, celebrados tras la revisión de las Constituciones, realizada aquí en Villanova en 1968, han centrado buena parte de su esfuerzo en la reflexión sobre algún problema concreto de la Orden, dejando plasmadas las conclusiones en un documento.

El primer Capítulo Intermedio que siguió a la renovación de las Constituciones fue el de Dublín, celebrado el año 1974. Siguiendo los criterios conciliares, el Capítulo de Dublín quiso escudriñar con mayor atención los signos de los tiempos y su incidencia en la vida religiosa agustiniana. El resultado de aquél encuentro fue un docomento particularmente intuitivo, que conserva todavía hoy gran parte de su valor.

Siguió después el Capítulo Intermedio de México, celebrado en 1980. Este Capítulo reflexionó sobre varios temas, entre los que destacan, por la novedad que supusieron para la Orden, la opción preferencial por los pobres y el Secretariado de Justicia y Paz.

Seis años más tarde, el Capítulo de 1986, celebrado en Roma, aprobó un documento titulado "Misión y evangelización en la Orden Agustiniana hoy".

Finalmente, el último Capítulo General Intermedio, que tuvo lugar en Brasil en 1992, junto a la decisión sobre importantes temas, que merecían la atención de todos los superiores de la Orden, reflexionó sobre "La comunidad agustiniana entre el ideal y la realidad". En esta ocasión se elaboró el documento abriendo la reflexión a toda la Orden, para convertir la preparación del documento en un momento privilegiado de formación permanente y de interiorización de los valores agustinianos.

Para la preparación del documento Agustinos en la Iglesia para el mundo de hoy, objeto del presente Capítulo, se partió de la opción manifestada en el último Capítulo General Ordinario y la preferencia mostrada por los superiores sobre el tema del servicio a la Iglesia como agustinos. En un primer borrador, subtitulado "linementa", tras lanzar una mirada al mundo contemporáneo, se analizaban las elementos que ofrece la espiritualidad agustiniana para responder a los retos del tiempo presente. Este primer borrador, acompañado de un número de cuestiones, fue enviado a todas las circunscripciones de la Orden para su estudio individual y comunitario.

El documento fue bien recibido en la Orden. Sobre la base de las observaciones enviadas al Consejo General, se procedió a una revisión, suprimiendo la primera parte, dedicada al análisis de la sociedad, para abreviar el documento y centrar la reflexión en los elementos fundamentales de nuestra espiritualidad y el modo como deben incidir en nuestro servicio apostólico.

Es posible que el oir hablar todavía de carisma e identidad pueda producir cierto cansancio en algunos sectores de la Orden, pues ha sido una constante desde el Concilio Vaticano hasta nuestros días. Pero consideramos que no se trata de un esfuerzo supérfluo, teniendo en cuenta la confusión que existe todavía, en amplios sectores de la Orden, sobre nuestro carisma y espiritualidad.

En este momento se puede decir que el esfuerzo realizado por la Orden para afirmar una visión carismática de la vida agustiniana, no ha conseguido llegar suficientemente hasta la conciencia de los hermanos y esto está influyendo en el modo de comprender nuestro servicio a la Iglesia. Podemos preguntarnos si ha faltado claridad en la exposición, o si es que no existe acuerdo sobre la opción que ha hecho la Orden sobre la identidad de la espiritualidad agustiniana. Teniendo en cuenta la riqueza conceptual de S. Agustín, puede resultar difícil coincidir en señalar algunos rasgos fundamentales como esencia de nuestro carisma. Al menos debiera ser claro que la afirmación carismática debe proceder, por una parte, de lo que S. Agustín consideró esencial para el estilo de vida religiosa por él fundado y, por otra, de la aportación de la historia de la Orden a la vivencia del carisma, sobre todo en sus orígenes jurídicos.

Personalmente creo que la Orden ha hecho una opción clara, a la hora de definir nuestra espiritualidad y carisma. Basta leer las Constituciones y los documentos de la Orden que se han ocupado de este tema. Por eso, hay que buscar las causas de este sentimiento difuso de falta de identidad. Considero que no es tanto fruto de falta de documentación, como de falta de conocimiento e interiorización. Las opciones realizadas por la Orden, en los treinta años del postconcilio, en torno a las características fundamentales de nuestra espiritualidad se han centrado, sobre todo, en la vida comunitaria, de la que dimanan la búsqueda de Dios, particularmente por la via de la interioridad y la disponibilidad para el servicio a la Iglesia.

Antes del Concilio -y de la revisión de las Constituciones- el tema de la identidad era poco recurrente en la reflexión sobre la vida religiosa, al prevalecer una especie de patrón universal, inspirado en el Derecho Canónico. Afirmada progresivamente la identidad agustiniana, a partir de la revisión de las Constituciones, no se ha dado en todas partes un suficiente esfuerzo para adaptar nuestra vida y ministerios a las exigencias de la identidad agustiniana. Más bien se detecta, en amplios sectores de la Orden la continuidad del proceso precedente de parroquialización (y por tanto atomización) de las comunidades, agravada ahora por la disminución del número de religiosos, así como la aparición de un cierto individualismo, que ciertamente contradice lo afirmado por los documentos oficiales en torno a la identidad.

En relación con este último punto, hay que reconocer que resulta difícil mantener el debido equilibrio entre el respeto a la persona individual, que ha sido una importante aportación de la reflexión postconciliar a la vida religiosa, y, por otra parte, el empeño comunitario. El documento de la Congregación para la vida consagrada titulado La vida fraterna en comunidad (1994) refleja bien cuanto deseo afirmar, cuando dice:

"El respeto a la persona, recomendado por el Concilio y por otros documentos (Perfec. char. 14; canon 618) ha tenido una influencia positiva en la praxis comunitaria. Sin embargo, al mismo tiempo se ha difundido también, con mayor o menor intensidad según las distintas regiones del mundo, el individualismo bajo las más diversas formas, como la necesidad de protagonismo y la exagerada insistencia sobre el propio bienestar físico, psíquico y profesional, la preferencia por un trabajo ejercido por cuenta propia o de prestigio y bien seguro, la prioridad absoluta dada a las propias aspiraciones personales y al propio camino individual, sin preocuparse de los demás y sin verdadera referencia a la comunidad.

Por otra parte, es necesario buscar el justo equilibrio, no siempre fácil de alcanzar, entre el respeto a la persona y el bien común, entre las exigencias y necesidades de cada uno y las de la comunidad, entre los carismas personales y el proyecto apostólico de la misma comunidad. Y esto dista tanto del individualismo disgregante como del comunitarismo nivelador. La comunidad religiosa es el lugar donde se verifica el cotidiano y paciente paso del 'yo' al 'nosotros', de mi compromiso al compromiso confiado a la comunidad, de la búsqueda de 'mis cosas' a la búsqueda de las 'cosas de Cristo'" La vida fraterna en comunidad (Congregación de Religiosos: CIVCSVA, 1994), n. 39.

El mismo documento dice también, en otro lugar:

"Además, es necesario recordar siempre que la realización de los religiosos y religiosas pasa a través de sus comunidades. Quien pretende vivir una vida independiente, al margen de la comunidad, no ha emprendido ciertamente el camino seguro de la perfección del propio estado. Mientras la sociedad occidental aplaude a la persona independiente, que sabe realizarse por sí misma, al individualista seguro de sí, el Evangelio requiere personas que, como el grano de trigo, sepan morir a sí mismas para que renazca la vida fraterna (cf. Lumen Gent. 46 b)" La vida fraterna en comunidad (Congregación de Religiosos: CIVCSVA), n. 25.

Teniendo en cuenta que la Congregación se refiere en este documento a toda la vida religiosa, cuánto más debemos tener en cuenta estas observaciones nosotros agustinos, que damos importancia especial -carismática- a la vida comunitaria.

La apertura a los tiempos y el servicio a la Iglesia deben ser analizados a la luz del carisma y de la propia espiritualidad. No todo planteamiento de la cultura contemporánea puede de ser asumido. Hay aspectos valiosísimos en la cultura occidental, como el respeto a la persona, cuya fundamento evangélico es evidente (basados en la encarnación del Hijo de Dios). Pero hay que tener en cuenta que la afirmación extremosa de los derechos individuales en la sociedad está llevando a una exasperación antievangélica, que acaba lesionando los derechos de los mismos individuos, particularmente de los más débiles. Frente a estos excesos, nuestra misión nos exige ser en algún sentido "contraculturales". No podemos dejarnos llevar por la cultura ambiente, cuando ésta nos desvía de nuestro centro y del Evangelio.

Este Capítulo General Intermedio tiene en sus manos y en su propósito realizar una reflexión sobre la vida agustiniana y su servicio a la Iglesia en el mundo contemporáneo, con la mirada puesta en el futuro. Es nuestra responsabilidad aprobar un documento que sea iluminador y determinar los medios que permitan hacer llegar esta reflexión, de manera teórica y práctica, a todos los hermanos y comunidades. Debemos procurar que lo reflexionado y plasmado en este Capítulo tenga una continuidad y un fruto en toda la Orden.

Movidos por este deseo y esperanza, invocando la presencia del Espíritu en medio de nuestra reunión fraterna, damos inicio a las sesiones de este Capítulo General Intermedio, que vuelve a la sede donde, ahora hace treinta años, fueron aprobadas las nuevas Constituciones, con el augurio de que sus deliberaciones supongan un momento de gracia para toda la Orden.

Miguel Angel Orcasitas

Prior General OSA