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Editorial

1) Objetivos de la Area de Formación

2) Datos Bibliográficos Fr. Pauliño

3) Los Desafíos de la Vida Agustiniana en América Latina

4) Curso de Espiritualidad-Bogotá

5) Impresiones del Curso de Espiritualidad

6) Gráfico

7) Carta de Miguel Angel Keller

8) Carta de Mons. José Ulloa

9) Mensaje Final, Encuentro de Teología India

10) La Violencia Imprudente

11) Noticias del Consejo General

 

La violencia imprudente


Fr. J. Richar Villacorta G. OSA
Coordinador de Justicia y Paz OALA

Nuevamente la presencia de la muerte, la violencia y la destrucción se hizo presente en medio de nuestro planeta, ella llegó de una manera nueva e inescrupulosa, pues, ya no se recurre a armas convencionales, ni a “simples errores” de cálculo, sino que parece que se hallan premeditados y bien preparados.

Por eso, no importa si fabrico mísiles, si uso aviones, si uso trenes, o si uso los laboratorios o clínicas para matar. Lo importante es matar, a no se quien y por no se que, de tal manera que el otro tenga miedo y no confié ni en su propia sombra, además de que aprenda a odiar, pues la base de esa nueva propuesta es la destrucción del otro en un aparente mundo pluralista.

En función a esto, las teorías, los apoyos y las condenas tienen el color d lentes en función a la percepción de “su” realidad. Junto a esto, considero que la presencia de la pseudo racionalidad y la mal llamada civilización, simplemente no llega a responder a las expectativas del ser humano, eso porque, después de la aparente apropiación de lo sagrado habíamos puesto nuestra esperanza en un antropocentrismo peligroso, el cual se convirtió en la actualidad en una necrofilia destructiva y adoradora de la violencia y de la muerte.

Las grandes ciudades, que antes eran caracterizadas como sinónimo de progreso y desarrollo, con pequeños bolsones de pobreza, los cuales poco a poco se convirtieron en “cinturones de pobreza y marginación”, lastimosamente fueron engendrando dentro de sí, hombres y mujeres totalitarios, fanáticos y fundamentalistas, ellos justifican su propuesta en la postura de un aparente universal y trascendental, que en su parecer, ellos tienen la plena posesión de la verdad y voluntad. Por tanto, del ídolo.

En estos momentos, en que muchos han muerto, aquellos anónimos que simplemente cometieron la “imprudencia” de estar en el lugar equivocado, con las personas equivocadas o simplemente, con las ganas de comenzar bien su día, vuelve la pregunta fundamental de la vida y de la fe, que nos cuestiona y nos interpela en nuestra cotidianidad: ¿qué has hecho con tu hermano?

La pena, es que quienes han matado a esos obreros, estudiantes, ... No muestran la cara, pues ellos han aprendido a ocultarse en la masa, a aprovechar las grandes multitudes para hacer sus fechorías, pero nunca asumirán sus responsabilidades. Dentro su propuesta, eso no se hace, pues hoy la masa es el falso motivo para hablar del pueblo, eso tiene que ver con gobernantes y gobernados, con represores y reprimidos, dominados y dominadores.

Dentro esa propuesta, debemos reconocer que la “aparente muerte de Dios” o mejor dicho “el constante asesinato del Dios de la Vida”, nos va llevando como seres humanos a creernos dioses, pues por eso podemos decidir a quiénes y cuándo matar, sin importarnos si la vida del otro es valiosa o no, sino simplemente por que yo quiero eliminar.

Es la presencia del mal llamado proceso de selección natural o “darwinismo social”, pues muchos de ellos creen que los más fuertes son los que viven, olvidándose que simplemente a este paso, los cobardes que no muestran la cara son los aparentes triunfadores, o que ellos son los que quieren mostrar que son los más fuertes y poderosos, pero ellos se olvidan, que en ese proceso, fueron los más aptos que consiguieron sobrevivir a la destrucción (pueden preguntar a las hormigas y cucarachas, pues los dinosaurios y mamuts ya no están con nosotros).

Debemos tener claro, de ambas partes, que lastimosamente hemos engendrado a lo largo de la historia determinadas propuestas que simplemente se apoyan en la destrucción del otro, de ahí la necesidad del “eterno retorno” de fanatismos religiosos y pseudo religiosos, los cuales van proponiendo sus universales por medio de la negación de los mismos, pero que no tienen otra razón de ser, que el mostrar que su propuesta es la única válida, aún cuando no creen en la unicidad de cualquier propuesta, de ahí que podemos hacer una crítica a la razón instrumental e instrumentalizadora de determinadas propuestas.

Los hechos ya se han dado, la violencia convencional cambio de sitio y de estilo, ya no son simplemente las guerras, los accidentes de tránsito, los marginales que matan a uno u otro en las calles; sino que ahora, se presenta una nueva figura: los aviones, los trenes son potencialmente bombas de tiempo dispuestas a ser usadas como fábricas de muerte, llanto y destrucción.

Desde esa perspectiva, lo peor, es que vamos creando seres con odio, violencia y destrucción como única propuesta para ser entendidos y aceptados, ellos ya no tendrán la capacidad de dialogar, de reflexionar o de pensar en alguna alternativa diferente, porque para ellos solo la violencia es la única respuesta.

Por eso, no será extraño que incrementemos el uso de escapes para aparentemente tranquilizar nuestra conciencia, pues de esa manera podemos teóricamente estar más tranquilos y satisfechos.

Bueno, pero eso que tiene que ver con nosotros los frailes agustinos o mejor dicho, con aquellos que tenemos un poquito de fe.

Primero que nada, tiene que ver con el intento de religar, es decir, mostrar que Dios no ha muerto, que debemos volver a intentar una religación de lo sagrado, para esto tenemos que ayudar desde las distintas propuestas a un re-encontrar a la dimensión esperanzadora de la fe.

Debemos buscar formas y maneras de re-encantar la esperanza, ella basada en el derechos a la vida de todos nosotros, eso quiere decir, reafirmar el Dios de la Vida y oponernos a todo tipo de violencia y de muerte.

Debemos tener clara nuestra opción, por la presencia de la fraternidad y la solidaridad, en contra del individualismo y el egoísmo.

Como agustinos, debemos clarificar nuestra propuesta comunitaria como única instancia de ser, estar, para a partir de ella compartir, pues será en ese pequeño espacio, donde podremos optar más claramente por la vida e invitar a los otros a esa experiencia.

Por primero y último, simplemente debemos ayudar a la sociedad a creer en el otro, a la búsqueda de la verdad, sabiendo que ella entre todos la construimos y ante todo a la concientización de que somos co-creadores del mundo y la sociedad, por lo cual no debemos tener miedo a los que matan el cuerpo, pues otros cuerpos no pueden morir.