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DOCUMENTO DE PANAMÁ
Encuentro de Formadores, 25 de mayo al 03 de junio de 1998

INCULTURACION DE LA “RATIO INSTITUTIONIS”
EN AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE


El anteproyecto de adaptación de la “Ratio Institutionis” de la Orden a la realidad latinoamericana, presentado por la comisión nombrada al efecto, fue estudiado, y revisado en el Encuentro de Formadores de Panamá, días 25 de mayo al 03 de junio. Un complemento importante a la Ratio, que habrá de inspirar la elaboración de los Proyectos de Formación en cada una de las circunscripciones del Continente.


INTRODUCCIÓN

Contando con el apoyo del Prior General y su Consejo, los representantes de los equipos de formación de las diversas circunscripciones de América Latina y el Caribe nos reunirnos en Panamá, del 25 de mayo al 03 de junio, 1998, para:
1.-Hacer memoria de las conclusiones de los encuentros de formadores de OALA, forjadas a lo largo de 20 años de historia;
2.- Continuar actualizándonos en nuestras tareas formativas;
3- Asumir el desafío que nos hace el n 3 de la Ratio Institutionis y el proyecto n° 14 del plan cuatrienal de la OALA aprobado en 1995, en los que se pide adaptar a la realidad de nuestro continente el Plan de Formación Agustiniana.

De esta forma, nos proponemos consolidar el proceso de revitalización iniciado por la Orden para América Latina y el Caribe rumbo hacia el tercer milenio desde una nueva evangelización.

Para elaborar este documento partimos del proyecto realizado por una comisión nombrada para tal fin. Los diversos apartados responden al método de Puebla: ver, juzgar y actuar. De este modo, queremos ofrecer a los Superiores Mayores y a las comunidades de formación un instrumento práctico para ayudarles a adaptar sus planes de formación que tomarán en cuenta las circunstancias socioculturales y locales propias y la Ratio Institutionis, promoviendo así una mayor unidad de espíritu y de ideales dentro de la Orden en América Latina y el Caribe.

1. MARCO DE LA REALIDAD

1. Motivos de esperanza
Partiendo de la preocupación para la revitalización de la Orden en América Latina y en el Caribe, y reconociendo el valioso aporte de nuevas experiencias que este proceso está construyendo, constatamos como signo esperanzador el deseo de muchos hermanos de vivir un estilo de vida agustiniana coherente con la realidad latinoamericana. Sobre todo, queremos señalar las siguientes iniciativas que manifiestan la proyección positiva de la Orden en América Latina:
 El trabajo de la pastoral juvenil y la promoción vocacional en las diversas circunscripciones.
 El incremento de vocaciones agustinianas en el Continente.
 Iniciativas de trabajos que promueven la justicia y la paz.
 Proyecto de revitalización de la Orden en América Latina.
• Inicios de colaboración entre diversas circunscripciones en América Latina.
• Interés por la causa indígena desde los lugares de misión.
• Integración de los laicos en nuestros trabajos.
 Algunas experiencias de inculturación.

2. Motivos de desafío
A pesar de los signos positivos que hemos enumerado, nuestra vida está siendo también cuestionada de muchas maneras por la realidad interna y externa.

2.1 Desde adentro
2.1.1. La falta de sentido es un aspecto que ha marcado la vida de algunos hermanos, manifestada en una vida mediocre, sin convicción, con un mero cumplimiento de funciones, sin creatividad ni originalidad. Esta realidad afecta el núcleo de la formación porque los formandos buscan una referencia dinámica y orientadora para su vida y por el contrario experimentan la falta de convicción entusiasta y testimonio profético del evangelio.

2.1.2. Nuestra espiritualidad manifiesta más una fe en los dioses del poder, del tener y del saber que una verdadera experiencia del Dios de Jesús. Este testimonio no invita al joven formando a asumir el compromiso cristiano de despojamiento, inserción, humildad, pobreza y servicio.

2.1.3- La vida afectiva de nuestras comunidades es pobre por carecer de diálogo, comunión, reciprocidad, calor humano y falta de respeto al proceso de crecimiento personal.

2.1 4. La comunidad y la vida personal están perjudicadas por una mentalidad individualista y egoísta, que no dejan apertura y comprensión a las necesidades del otro, rompiendo la fraternidad evangélica y la solidaridad humana.

2.1.5 La opción preferencial por los pobres de tradición eclesial y agustiniana, no está asumida en nuestro actual estilo de vida personal y comunitaria, que contrasta con la vida concreta y cotidiana de los pueblos que nos rodean, mayoritariamente pobres y excluidos.

2.2. Desafíos desde afuera
2.2.1. El Sistema neo-liberal, cuyos valores son la búsqueda de los propios intereses, la cultura de la competencia, la productividad y la exclusión de los más débiles social y económicamente, está penetrando en la vida religiosa afectando nuestra manera de vivir el testimonio y el compromiso evangélico de gratuidad y misericordia.

2.2.2. La involución de la Iglesia institucional a formas y modelos conservadores (1) contribuye a la falta de motivación y compromiso de muchos religiosos y formandos con la Iglesia, imposibilitando un testimonio profético de acuerdo con los signos de los tiempos dentro de y a partir de la Iglesia.

2.2.3. La influencia del estilo de vida burocrático-jurídico en nuestras comunidades, caracterizado por una mentalidad rígida, elitista, idealista y desinculturada nos impide el contacto directo con el pueblo y un testimonio vivo en la historia.

2.2.4. La pluralidad cultural desde las precolombinas hasta las modernas y desde las rurales hasta la cultura virtual, es la realidad de América Latina que encierra muchos valores y contravalores y que con nuestra metodología de poco diálogo no hemos sabido reconocer los valores del Reino ya presentes y la riqueza que ofrecen a la comunidad humana.

2.25. La experiencia de la fragmentación de la cultura posmoderna que vive el presente y rechaza las utopías y compromisos que vayan más allá de hoy, dificulta nuestra promoción a las generaciones más jóvenes de la vida religiosa como un compromiso permanente.

2.2.6. Los jóvenes en su situación de empobrecimiento, marginación social, desempleo, y educación deficiente caen en la falta de sentido, droga, prostitución, terrorismo, pandillas, y son manipulados por los medios de comunicación social, las imposiciones culturales y el pragmatismo inmediatista que ha generado nuevos problemas en su maduración afectiva (2), dificultando que asuman los valores propuestos por el Evangelio y la vida religiosa.

II. MARCO DOCTRINAL

La situación religiosa, cultural, social y política de América Latina tiene sus características propias, que nos hacen descubrir entre los elementos básicos propuestos por la Ratio, los que corresponden con mayor fuerza a nuestra realidad.

1. Seguimiento de Jesús
Nuestra vida religiosa es principalmente seguimiento, que se concretiza en la persona de Jesús de Nazaret, pues como dice San Agustín: ‘Si te tienes por recluta de Cristo, no abandones el campamento, en el que has de edificar aquella torre de la que habla el Señor en el Evangelio (3). El Cristo pobre, que vivió como y entre los pobres, el servidor de su pueblo (4). De ahí la necesidad que desde nuestra realidad latinoamericana la formación rescate el significado que para los cristianos tenía el seguir a Jesús. “Sirven a Cristo los que no buscan sus propios intereses, sino los de Jesucristo. Esto es lo que quiere decir Sígueme. Camina por mis caminos, no por los tuyos.” (5) Pues el seguimiento nos introduce a una actitud: de encamación misericordiosa dentro de la realidad, a una fidelidad al servicio de Dios y al despojo radical que ha de llevamos a una esperanza de vida nueva.

2. Espiritualidad cristiana
Partiendo de la convicción que la espiritualidad es una forma viva y concreta de vivir en el Espíritu y según el Espíritu (Gálatas 5,25), estamos urgidos a replantear nuestra experiencia de vida en la formación, vida que se orienta y define por Dios. “Dios no está lejos de cada uno de nosotros, pues en El vivimos, nos movemos y existimos…” (Hechos 17,27-28).

La espiritualidad se manifiesta corno una fuerza, savia que ilumina, nutre y fortalece al religioso para una vida de compromiso con el proyecto de Dios.

Dentro de una realidad de conflicto espiritual entre la fe en Jesucristo y los dioses seculares, la negación de la vida, crisis de alternativa para la historia, la cultura de la muerte, nuevas espiritualidades (Nueva Era, neo fundamentalismo, etc.), la espiritualidad nos orienta para asumir el rumbo que como religiosos hemos de seguir, para estar en sintonía con la voluntad de Dios y la causa de su pueblo. Por eso la formación necesita seguir cultivando y profundizando una espiritualidad auténticamente cristiana, de hecho es una experiencia que tiene san Agustín cuando afirma: “Para ustedes soy obispo y con ustedes soy cristiano; no quiero salvarme sin ustedes.” (6)

Para San Agustín, esta espiritualidad se abre a una dimensión universal, particularmente con la imagen del Cristo Total, “ya que como en su cuerpo están todos los hombres, por eso El habla como un único hombre.” (7)

Teniendo en cuenta que la devoción a María está profundamente arraigada en la vida del pueblo latinoamericano, es importante reconocer que María es modelo de discipulado sin precedentes, por su “fe íntegra, esperanza sólida y caridad sincera.” (8) Ella es nuestro modelo en la formación y a lo largo de nuestra vida.” (9)

3. Ética Comunitaria
Frente a una cultura determinada por una mentalidad individualista, narcisista, utilitarista, la formación deberá rescatar y potencializar un estilo de vida comunitaria. Pues trata de un “grupo de cristianos que han decidido libremente reunirse, unidos por un solo corazón y una sola alma, en el camino hacia Dios.” (10)

De ahí la necesidad de vivenciar una ética con características de fraternidad, solidaridad, gratuidad y reciprocidad que nos prepara para una auténtica vida comunitaria.

“Sería ya un gran logro si cada comunidad agustiniana poseyese una atmósfera de amabilidad y afabilidad, y pusiese en práctica lo que Agustín considera como el corazón de todo amor: desear el bien para el otro (amor benevolentiae). Este amar de los unos por los otros puede adquirir distintas formas.” (11) “Charlar y reír juntos, servirnos mutuamente unos a otros leer en común libros bien escritos, bromear dentro de los limites de la estima y respeto mutuos, discutir a veces, pero sin aspereza, como cuando uno discute consigo mismo. Incluso esta misma diferencia de pareceres, que por lo demás era algo poco frecuente, era la salsa con que aderezábamos muchos acuerdos. Instruimos mutuamente en algún tema, sentir nostalgia de los ausentes, acogerlos con alegría a su regreso: estos gestos y otros por el estilo, que proceden del corazón de los que se aman y se ven correspondidos, y que hallan su expresión en la boca, lengua, ojos y otros mil gestos, muy gratos, eran incentivos que iban fundiendo nuestras almas en una sola.” (12)

También esta experiencia comunitaria favorece el respeto por las diferencias culturales y personales, y no provoca discriminación (13). Una formación en una ática comunitaria nos dispone a poder vivir con mayor fuerza, en base de las multiformes riquezas que cada cultura con sus valores puede aportar para una auténtica comunión de vida, construyendo la unidad y no la uniformidad.

La ática comunitaria permite una formación que nos capacita para comprender y reconocer, respetar y admirar al otro con sus dones y debilidades y así vivir una vida de ternura y diálogo, libertad y esperanza. (14).

4. Opción preferencial por los pobres
“El creciente empobrecimiento en el que están sumidos millones de hermanos nuestros hasta llegar a intolerables extremos de miseria es el más devastador y humillante flagelo que vive América Latina y el Caribe... Las estadísticas muestran con elocuencia que en la última década las situaciones de pobreza han crecido tanto en números absolutos como en relativos.” (15)

Frente al contexto de pobreza y marginación que vive nuestro continente, la vida religiosa es desafiada a asumir el compromiso teologal, bíblico y eclesial de solidaridad con los pobres. (16). Nos recuerda san Agustín: “Piensa sobre todo en los pobres, de modo que aquello de lo que te privas para poder vivir con lo justo, puedas convertirlo en tesoros del cielo. Deja que Cristo pobre reciba aquello de lo que se priva el cristiano que ayuna. Deja que la austeridad de una alma llena de amor sea el sustento del necesitado. Deja que la voluntaria necesidad de quien posee en abundancia se convierta en la abundancia necesaria del que pasa necesidad.” (17)

“La siempre actual opción preferencial por los pobres, en la que tanto insisten el Santo Padre y los documentos de Medellín, Puebla, Santo Domingo,” como también los de la Orden, una opción “tan evangélica y tan agustiniana, da forma a la identidad agustiniana latinoamericana, e ilumina todo su ser y toda la actividad pastoral” (18).

Creemos que el futuro de la Orden pasa por un compromiso profético, junto a los pobres del continente Latinoamericano, el cual ha de superar los límites de la propia comunidad para “extenderse a la realización de una sociedad mejor y más justa.”(19).

La formación debe traducir la tradición y el carisma de la Orden a partir del anuncio de la Buena Nueva a los pobres. (20) En verdad son los pobres que, dentro de esta sociedad materialista, acumuladora y excluyente, denuncian la superabundancia de unos pocos frente al empobrecimiento de la gran mayoría. (21) Por consiguiente, el compromiso con los pobres nos actualiza y nos renueva en nuestra manera de ser agustinos hoy.

5. Opción preferencial por los jóvenes

Otra de las opciones de la Iglesia en el continente al lado de la opción preferencial por los pobres es la opción preferencial por los jóvenes: “Los jóvenes deben sentir que son Iglesia, experimentándola corno lugar de comunión y participación.” (22)

La Orden, como la Iglesia, confía en los jóvenes. Son para ella su esperanza. Ve en la juventud de América Latina un verdadero potencial para el presente y el futuro de su evangelización, por ser verdadera dinamizadora del cuerpo social, y especialmente del cuerpo eclesial. (23)

“Por ello, queremos ofrecer una línea de pastoral global: Desarrollar, de acuerdo con la pastoral diferencial y orgánica, una pastoral de juventud que tenga en cuenta la realidad social de los jóvenes de nuestro continente; atienda a la profundización y al crecimiento de la fe para la comunión con Dios y con los hombres; oriente la opción vocacional de los jóvenes; les brinde elementos para convertirse en factores de cambio y les ofrezca canales eficaces para la participación activa en la Iglesia y en la transformación de la sociedad.” (24)

Asumir el trabajo de formación en la línea de Santo Domingo es reafirmar “la opción preferencial por los jóvenes proclamada en Puebla, no sólo de modo afectivo sino efectivamente; esto debe significar una opción concreta por una pastoral juvenil orgánica donde haya un acompañamiento y apoyo real con diálogo mutuo entre los jóvenes, pastores y comunidades.” (25)

6. Inculturación
El Documento de la Conferencia de Santo Domingo afirma: “La inculturación del Evangelio es un proceso que supone reconocimiento de los valores evangélicos que se han mantenido más o menos puros en la actual cultura; y el reconocimiento de nuevos valores que coinciden con el mensaje de Cristo. Mediante la inculturación se busca que la sociedad descubra el carácter cristiano de estos valores, los aprecie y los mantenga como tales. Además, intenta la incorporación de valores evangélicos que están ausentes de la cultura, o porque se han oscurecida ó porque han llegado a desaparecer. ‘Por medio de la inculturación, la Iglesia encarna el Evangelio en las diversas culturas y, al mismo tiempo, introduce a los pueblos con sus culturas en su misma comunidad; transmite a las mismas sus propios valores, asumiendo lo que hay de bueno en ellas y renovándolas desde dentro’.”(26-27)

La formación hoy en día es desafiada a ser redefinida por el proceso de inculturación donde el formando es sujeto (también) de su propia formación. (28) Como sujeto presenta un conjunto de valores y vivencias que deben ser rescatados en su proceso formativo. Para esto, el formador tiene que vivenciar una sensibilidad, una solidaridad con esta realidad cultural del formando, favoreciendo el diálogo fructífero y la aproximación evangélica (29) en vista de una verdadera formación evangelizadora. Es imposible que el formando conozca la Buena Nueva del Señor y valore su propia historia existencial si negamos o aplastamos su identidad cultural. No favorecer el proceso de inculturación es silenciar la identidad profunda de su propia historia, pues tomo sostiene Agustín: ‘La Iglesia observa primero qué saben ya de cierto los hombres para conducirlos de allí a las verdades que aún no conocen o que no quieren creer... De este modo la verdad, que antes se tenía por falsa, se distingue de la falsedad porque es vista en armonía con la verdad.” (30)

En la inculturación de la formación, ¿cuál es entonces el papel del formador? Parece que el servicio del formador sea de discernimiento, de iluminación sobre los valores y antivalores de la cultura del otro (el formando). El formador es también sujeto en el proceso formativo, y promueve el conocimiento en la vida del formando a partir del marco doctrinal que fundamenta y orienta el proceso deformación, pero que nunca debe aplastar o excluir los valores evangélicos propios de la cultura del formando.

Este proceso de inculturación favorece el rescate de un modelo de vida donde el formando pueda vivenciar la resistencia a todo lo que combate la vida, donde el formando tiene mayor capacidad de luchar contra aquellas fuerzas que matan, que niegan la vida en sus propias culturas. “Yo vine para que tengan vida, y la tengan en abundancia.” (Juan 10,10)

7. Nueva Evangelización
La Nueva Evangelización pedida por el Papa y el documento de Santo Domingo, nueva en su ardor, en su método y en su expresión, debe concretarse en la formación de los jóvenes que llegan a nuestras comunidades y que son el futuro y la esperanza de la Iglesia y continente de América Latina. (31)

“La Nueva Evangelización surge en América Latina como respuesta a los problemas que presenta la realidad de un continente en el cual se da un divorcio entre fe y vida hasta producir clamorosas situaciones de injusticia, desigualdad social y violencia. Implica afrontar la grandiosa tarea de infundir energías al cristianismo de América Latina.” (32)

III. FACTORES DETERMINANTES DE Y EN LA FORMACIÓN

El proceso formativo desde la inculturación y actualización tiene que partir de un conocimiento y estudio profundo del marco de la realidad y de los elementos doctrinales dentro de los cuales vivimos y nuestros candidatos se forman.

1. Contexto humano, social y cultural

“La formación se desarrolla en un contexto sociocultural concreto que ejerce por sí mismo una gran influencia. Independientemente de la etapa de la formación en la que uno se encuentre, sea inicial o permanente, somos formados en y por nuestro mundo y no al margen de él. Por eso tenemos que aprender a dialogar en una situación religioso-cultural plural. Esto exige de nosotros una actitud de apertura y respeto. Requiere también por nuestra parte una familiaridad con la siempre cambiante situación global de la Humanidad en sus dimensiones políticas, sociales y económicas, de tal manera que podamos analizar críticamente sus valores dominantes, desde la perspectiva del Evangelio, siempre con la vista puesta en los ‘signos de los tiempos’.” (33)

En el proceso formativo estamos llamados a comprender que los candidatos son herederos de la realidad sociocultural, económica, familiar, religiosa, en la cual nacen, viven y maduran. “En este sentido, los grandes cambios de mundo actual y los problemas de nuestra civilización moderna no pueden ser de ninguna manera meros elementos marginales en la formación.” (34) Entre los desafíos que deben ser tratados, destacamos la globalización del sistema neo-liberal, la cultura moderna y posmoderna, los medios de comunicación social y el mundo de la informática, la tendencia a acentuar la cultura juvenil (35) con sus valores y antivalores (transmitidos a través de la música, la moda y el culto de los héroes); la tendencia a la subjetividad la acentuación de lo no-racional, la vuelta a lo sagrado; y otros factores prevalentes, como las sectas, la dignidad de la mujer, los derechos humanos, los movimientos alternativos (p.ej. ecológicos, ONG’s, a Iglesia profética; opción por los pobres, los excluidos y los jóvenes, etc.).

El formador debe estar atento a la realidad de cada formando y de todo el contexto histórico del continente para contribuir a una formación más Integradora y liberadora.

2. Identidad — ser religioso-agustino
El agustino en América Latina debe ser caracterizado por un perfil de religioso que incluye los siguientes elementos:

2.1. Hombre de fe: reconoce la necesidad de la dimensión transcendente en su vida (36).
2.2. Inquieto y comprensivo: Busca la verdad, y comprende la diferencia del otro y la pluralidad de la realidad.
2.3 Contemplativo y comprometido: Capta e interpreta los signos de los tiempos y toma parte en la transformación de la Iglesia y la sociedad mediante su encamación de los valores del Reino.
2.4. Humanamente integrado: Vive con armonía y coherencia las varias dimensiones de la vida humana (afectiva, sicológica, sexual, comunitaria, social, etc.)
2.5 Comunitario-social: Es capaz de romper el individualismo utilitario y hedonista en búsqueda de una relación fraterna de comunión; esté abierto al diálogo y crea relaciones interpersonales profundas y significativas. Promueve perdón y reconciliación.
2.8. Solidario: Asume la causa de los pobres, y de los excluidos de la sociedad.
27. Profético: Con valentía y lucidez critica, anuncia la Buena Nueva y denuncia los mecanismos, Intereses y grupos que niegan la justicia.
2.8. Libre y liberador: Lleva una vida de libertad para amar y e a los demás y se involucra en el proceso de liberación de todo lo que oprime la vida.
2.9. Alegre y esperanzador: Cree en la experiencia Pascual, con optimismo y certeza de la victoria de nuestro Dios.

Esta identidad asumida mediante un proceso de formación (inicial y permanente), inspira un modelo de ser agustino que lo compromete con el Proyecto del Reino de Dios en nuestra realidad.

3. Vida comunitaria.- Relaciones interpersonales

Los jóvenes vienen de un contexto donde la realidad no les ayuda a experimentar el compartir la vida en comunidad, sin embargo sus anhelos más profundos demuestran una búsqueda en tal sentido. Por lo tanto, nuestra formación debe estar caracterizada por los siguientes elementos:

3.1 Comunicación y diálogo (diálogo abierto, respetuoso, sincero, fraterno.).
32. Formación en los afectos y sentimientos, donde el trato refleja el amor fraterno y la amistad agustiniana. Hay un trato familiar, cercano y de confianza que permite compartir la vida personal.
3.3. Corresponsabilidad, participación y gratuidad que implican un creciente sentido de pertenencia.
3.4. El aspecto fraterno de la igualdad y el respeto por la diferencia.
3.5. Servicio, donde los hermanos sean los animadores y servidores de la comunidad. “La fecundidad de la vida religiosa depende siempre de los grandes valores cristianos del amor y la humildad.” (37)
3.6. Una vida sencilla. Conciencia y apertura a la realidad de vida del origen de muchos de los formandos y de la mayoría de nuestro pueblo. Donde la vida de la comunidad ha de estar influenciada por la realidad del contexto en que vive.
37. Formación para una tensión en la dinámica comunitario-social, donde la situación de marginalidad que vive nuestro pueblo y la realidad histórica nos interpelan y nos convocan a la conversión.

4. Experiencia eclesial y social

Los documentos de la Iglesia, en especial Vaticano II, los latinoamericanos Medellín, Puebla y Santo Domingo, y los de la Orden han reflexionado sobre un determinado modelo de Iglesia: profético, opción preferencial por los pobres, inculturado, ecuménico, con participación de los laicos, la pluriculturalidad y etnicidad, y otros.

Los formandos vienen con un concepto de Iglesia que en algunos casos es más consciente y en otros no. Es necesario que la formación tenga claramente precisado el modelo de Iglesia que transmite.

La formación debe presentar teórica y vivencialmente una experiencia de compromiso pastoral y social que esté de acuerdo a la realidad socio-cultural latinoamericana en que está inserto el proceso formativo. Hay que formar en un espíritu crítico frente a los modelos eclesiales que no se adecuan al Magisterio eclesial latinoamericano (Medellín, Puebla, Santo Domingo). Tenemos que formar en el espíritu eclesial que sustenta los procesos que se están realizando en nuestra Orden en América Latina y el Caribe, a través de la experiencia del espíritu de Conocoto y del Corazón Nuevo.

Para la formación es muy importante la práctica pastoral porque esta experiencia vivencial profundiza fundamenta e ilumina las opciones teóricas de la formación. También inserta a los formandos en la vida concreta con actitud de discípulo. Al mismo tiempo favorece el proceso de conversión de los formandos al compromiso eclesial y con el Pueblo de Dios.

5. Modelos de formación

Pensar en una formación de rostro latinoamericano y caribeño, exige partir de nuestra situación y realidad concreta. Pues un modelo de formación abstracta, único y universal no responde a las expectativas de un proyecto encarnado, claro y específico.

Todo carisma es don del Espíritu, y por lo tanto debe ser vivenciado con dinamismo y apertura para encarnarlo dentro de la situación histórica. El carisma es siempre el mismo, pero su expresión es original. (38) Por eso la renovación del modelo de formación implica una disposición de escuchar la voz del Espíritu y descubrir las necesidades específicas de cada lugar, de cada conjunto cultural, sin un modelo pre-establecido. (39)

Por eso la formación debe partir de lo específico de cada realidad — lo cultural, social, económico, religioso, etc. — lo cual reestructura o redefine el testimonio, la experiencia de vida, el sentido de ser religioso, en una situación concreta. Esto implica una creatividad en la vida, una inculturación de los valores de cada cultura, del pueblo, de cada país. La inserción en la vida concreta del pueblo, y nuestro compromiso en la Iglesia, van a tener como consecuencia una creatividad en la manera de pensar los medios (votos, programa de vida, el horario y hasta la misma comida, la manera de ser comunidad, la liturgia y oración comunitaria, la manera de hacer pastoral, de pensar teológicamente, etc.) que determinan y dinamizan nuestra vida cotidiana.

Sobretodo, nuestra Razón de Ser como agustinos es lo que define los modelos de formación y de vida comunitaria. “Ante todas las cosas, queridísimos Hermanos, amemos a Dios y después al prójimo, porque estos son los mandamientos principales (40) que nos han sido dados.” (41)

6. Perfil del formador
6.1. Hombre con experiencia en el marco de la realidad latinoamericana.
6.2. lnculturado e insertado que respeta y asume les valores propios del contexto en que vive y en el cual se da la formación.
6.3. Preparado para asumir el servicio de la formación, y capaz de trabajar en equipo, que puede complementar mutuamente a los demás miembros del equipo “al servicio de una visión coherente y consistente de la formación en la Iglesia local y universal.” (42)
6.4. Animador de vivencias de la espiritualidad del seguimiento.
6.5. Promotor de diálogo.
6.6. Asume la identidad agustiniana y vive con convicción los elementos propios de nuestra espiritualidad: búsqueda de Dios, comunión y servicio a la Iglesia y al mundo.

7. Perfil del formando
Somos conscientes que cada formando tiene su propio ritmo e interioridad en a vivencia de cada etapa de la vida religiosa o de cada momento de la formación, diferencias que es preciso comprender, aceptar y acompañar. (43)

7.1. Como hombre, el formando ha de ser responsable de la propia formación y ha de crecer en la conciencia de que es el responsable último de este proceso (44); asume un estilo de vida en el que “lejos de considerar nuestro modo de vida como un puerto seguro o una ‘fuga mundi,’ debe entenderlo y experimentarlo como un camino de gracia para comprometerse con la vida en toda su plenitud, con sus luces y sombras.” (45)

7.2. Como cristiano, ha de vivenciar y potenciar su proceso formativo desde una experiencia de fe en Jesucristo manifestada en la vivencia de la interioridad, la misericordia y la justicia (46).

7.3. Como religioso, participa en la vivencia de la identidad del religioso agustino, conforme a los factores indicados arriba en la parte III, 2.

IV. CONCLUSIÓN
Después de reflexionar sobre el itinerario que desde nuestra realidad presentan los criterios fundamentales para formar agustinos y trabajar en la formación en América Latina y el Caribe, y haciendo eco del punto #2 de la Ratio, nos urge ahora desde nuestra realidad y visión el que en cada circunscripción se elabore (o reelabore) el plan de formación para cada etapa, teniendo en cuenta este trabajo de adaptación que es consecuencia de la aprobación en la Asamblea General de OALA en Panamá Proyecto (#1 4, 1995), y fruto del Encuentro de Formadores realizado en Panamá en 1998.



Notas
1. Cf. Bogotá 1993; n. 22
2. Santo Domingo n 112.
3. Carta 243, 1.
4. Cf.Sermón 236, 3; En. In Ps 41,7.
5. In Coment. Ev. S. Juan, 51, 42.
6. Sermón 340, 1.
7. En. Ps. 130,1.
8 Ratio n. 73.
9. Ibid.
10. Ratio n. 14.
11. Ratio. n. 27.
12. Confesiones 4,8,13 (traducción publicada por CETA Iquitos 1986).
13 Ratio. n. 30.
14. Cf, Ratio, nn 16-30.
15. Santo Domingo, n. 179.
16. Mateo 5,6; Lucas 4; Stgo. 2,5.
17. Sermón 210, 10,12.
18. Documento de Bogotá, n. 2.2. Cap. General 1995, nn. 21,22. 23a. 25, 26.
19. Ratio n. 36. Cfr. In Ps. 122,11-12 (La cita hace la distinción entre ricos y pobres).
20 Lucas, 4, 18-lO.
21 Cfr. Serm. 39, 4; 50, 2.4; 81,9; 206.2; En. In Ps. 14611; etc.
22. Puebla, n. .1184.
23. Ibid.n. 1186.
24. lbid..n 1187.
25. Santo Domingo n. 114.
26. RMi 52
27. Santo Domingo, n. 230.
28. Ratio, n. 71
29. cf. Jesús y la mujer samaritana: Juan 4.
30. Contra Cresconium, nn. 28-30.
31. Cfr Santo Domingo, nn. 28-30.
32. Santo Domingo, n. 24.
33. Ratio, n. 68.
34. Ibid. N. 69.
35. Dentro de la cultura juvenil, existe el mito de la “juventud homogénea, que consiste en identificar a todos los jóvenes con algunos de ellos. (Cecilia Baslavsky, en “Desde los márgenes de la juventud”).
36. Puebla, n. 273.
37. Ratio, n. 22.
38. Cfr. 1Cor. 9, 19-23.
39 “Este plan propio deberá tener en cuenta lógicamente tanto las circunstancias socioculturales y locales como la vida de la Iglesia local” (Ratio, n. 3). Por “modelo”, queremos indicar la manera de estructurar, dinamizar y vivenciar cada etapa de formación, como también la vida de cada comunidad agustiniana.
40. Cf. Mt 22,37-40.
41. Regla.1.1.
42. Ratio, n 81.
43. Conocoto (1988): II, 3,3.
44. cfr Ratio n. 75.
45. Ibidem.
46. Cfr. Lucas 4, 18-19.