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Pedro López, OSA
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Pedro López en el Recuerdo
(reflexión de Joaquín García, OSA)

 


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PEDRO LÓPEZ EN EL RECUERDO

Reflexión de Joaquín García, OSA


Lo conocí a distancia. Cuando en el año 1969 se fue dando forma a la OALA, siendo Provincial de Chile, Pedro López había sido elegido su primer Vicepresidente. Pertenecía a la generación del posconcilio que de norte a sur recorría esta América hermosa y múltiple, y que trajo al Capítulo General Extraordinario, reunido en la Universidad de Villanova en 1968, una renovada teología para elaborar las Constituciones. La juventud chilena hervía aquellos días en la efervescencia que trataba de transformar aceleradamente la sociedad que en la pobreza asolaba la anchura de América Latina. Creíamos que la revolución final estaba a la puerta. Para nosotros, gentes de la misma generación, se anunciaba un nuevo amanecer.

La primera vez que se reunió la Asamblea de la Organización de Agustinos de América Latina en Quito fue base para un proceso de inserción en las corrientes eclesiales del momento. Joven, cargado de la vitalidad renovadora, miraba al frente para abrir espacios de oxigenación a una Orden que en gran medida reposaba en un pasado inerte. Su estatura de teólogo mantenía una fluida relación con las corrientes más avanzadas del pensamiento del país del sur y de los círculos de pensamiento de la CLAR. Cuando había pasado su tiempo de superior mayor, seguiría siendo el acompañante incondicional de los cambios que habrían de producirse al interior de la misma OALA.

Recuerdo el viaje a Roma, al comenzar 1988, cuando yo era Secretario General y él Asistente General. Había venido brindando a mi equipo un apoyo personal leal y profundo. Hablábamos los mismos lenguajes, abrigábamos idénticos sueños, habíamos construido nuestra utopía para un modo de ser y estar de los hijos de Agustín en la amplia geografía del Continente. La adecuación de la vida religiosa a las condiciones del mundo latinoamericano, la desvinculación de los distintos grupos regionales dependientes de sus centros provinciales, los conflictos entre religiosos nativos y extranjeros, además de la urgente necesidad de superar una vieja rémora de las comunidades que no parecían darse cuenta del viraje de la Iglesia, eran temas de nuestra agenda. La amistad hacía más fácil compartir en los debates, cuando surgían las diferencias.

Recuerdo el día que muy de mañana salimos de Roma por la Vía Apia en busca del silencio de Asís donde disfrutaríamos del invierno en la ladera del valle de Perusa, visitando la tumba del “poberello”. Regresamos renovados. Viajamos después a Holanda (Kulemborg, Utrecht, Eindhoven, y otras ciudades) en busca de apoyo financiero y reconocimiento de nuestras comunidades en un país cuya Iglesia, al mismo tiempo que se renovaba críticamente, daba muestras ya de cierto debilitamiento.

Siempre optimista, a todo le sacaba su lado positivo. Cuando saltaban las confrontaciones, su posición era apaciguadora, concordante. Su serenidad estaba a flor de piel y sus ojos azules desprendían un afán de búsqueda de equilibrio: “siempre es posible sumar”, nos decía. Su talante abierto y generoso daba un aliento singular al movimiento eclesial en marcha. Era, por decirlo en una sola expresión, un hombre de su tiempo.

En sucesivas ocasiones en que hube de brindar algún servicio a la Provincia Chilena, lo encontré de Director del Liceo San Agustín y otros cargos, dispuesto a lo que la Provincia necesitase de él. Disfrutamos entonces de largas tertulias de confraternidad en el viejo convento del Obispo Villarroel, donde en el 2000 había fallecido otro hombre excepcional de la selva, el P. Avencio Villarejo. Qué lejos estábamos de pensar que tan pronto habría de partir él a la casa del Padre.

Me ha llegado a España la noticia de su muerte al despertar el 2008. Su espíritu generoso y abierto gozará de la Patria definitiva, e intercederá para que la confederación agustiniana que con tanta ilusión echó a caminar en 1969 bajo la sombra del Cotopaxi, alcance la plenitud de una sólida articulación.

Descansa en paz, Pedro amigo. No te olvidaré mientras me toque transitar por este mundo.


Fray Joaquín García, OSA
Ex Secretario General de la OALA
 

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