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20 de Septiembre
Memoria de San Andrés Kim Taegon, sacerdote y martir
y San Pablo Chong Hasang, y sus compañeros mártires.


Evangelio: Lc 7, 36-50

Permítanme proponerles una especie de Lectio Divina [lectura – meditación - oración] como método para esta reflexión bíblica. Si me animo ha compartir esta palabras es porque me las dirijo antes que nada a mimismo. Y es que aún tengo la esperanza de que no hayamos alcanzado el nivel de estar hermeticamente cerrados cada uno en su mentalidad, en una especie de desesperada arrogancia colecitva. Me siento en la tentación de aprovechar con urgencia este tiempo que aún tenemos antes de llegar a una hipotética situación como la descripta. De todas formas creo que somos los suficientemente “personas” para darnos cuenta que tenemos una dificultad en común y que debemos tratar de resolverla juntos.

“Los que siempre necestia la humnaidad, lo más persitente, terrible y dominante es lo que surge del tremendo hecho del pecado: la necesidad del perdón y de la redención. Estos es de todo lo que se trata el ministerio sacerdotal” (Norman Goodall).

Señor en el pasado, nostros como Iglesia, hemos puesto mucho énfasis en el drama del pecado y el pueblo de Dios se llenó de pesados sentimientos de culpa. Como resultado, en nuestros días, nostros como sacerdotes, hemos pasado al otro extremo y no permitimos que los otros hagan el doloroso camino del arrepentimiento.

Enséñanos Señor, a ser como Jesús, respetuosos y compasivos. La compasión y el respeto nos permitirá conocer la soledad del otro encontrándonos con él en la intimidad de nuestra propia soledad interior. Descubrir sus secretos en nuestros propios secretos. En cambio de consumirlo con indiscreciones y frustrar la posibilidad de manifestrale nuestro amor, respetando su soledad inteiror, nos unimos en una amistad que nos hace crecer mutamente en el amor recíproco y en el amor a Dios. Si respeto la soledad de mi hermano, la voy a poder conocer reflexionando sobre lo que le produce, con caridad, más allá de la propia soledad de mi alma. Este respeto supera el mero hecho de una obligación de caridad, es una deuda que tenemos con todos los seres humanos ya que, como nosotros, han sido creados a imagen de Dios. Me parece que nuestras fallas al no respetar el íntimo proceso de las otras personas, refelja un secereto desprecio por Dios. Es el resultado de ser hombres caídos que pretenden hacerse dios, entrometiéndose en aquello que no les compete.

“La mujer está mucho más conectada con el espíritu del mundo, con sus fuerzas primarias y elementales que el varón. La cultura masculina es mucho más racional, muy lejana al inmediato misterio de la vida cósmica y sólo la alcanza por medio de la mujer”. (Nicolas Berdyaev).

Señor, no dirigimos a ti por la mujer del relato del evangelio de hoy y te agradecemos porque Jesús la haya defendido de los Fariseos. Te pedimos que sepamos hacer lo mismo por las mujeres en el mundo de hoy.

Señor, en la Iglesia de hoy, tenemos ciertas formas de calificar a ciertas personas como pecadores. Los tratamos con cierta arrogancia y decirmos: “se debe rezar por su conversión”. Pero esta no era la manera de Jesús. Cuando alguién venía a Él teniendo mala fama en la comunidad, lo acogía con respeto, agradeciéndole por su amor, proponiéndolo como modelo ante quienes estaban sentados a su mesa y le aseguraba que era su propia fe la que lo salvaba.

Necesitamos terminar con las etiquetas, con cualquier tipo de etiqueta, y dejar que la verdad del hombre hable por si misma. Cuando etiquetamos a las personas, estamos distorcionando nuestra percepción de la relaidad... y esto es muy triste.

“Nadie es tan pobre que no pueda dar, ni nadie es tan rico que no pueda recibir” (Helder Camara).

Señor danos la sabiduría de Jesús que, como Él podamos pronucniar las palabras correctas a todos los grupos:
- a los que son autosuficientes como los fariseos, una palabra desafiante que los invite a descubrir su falta de humanidad,
- a los que son tratados como parias, como la mujer del evangelio, una palabra de estímulo y curación.
Me gusta mucho la sencillez con la que Jesús acepta el gesto y el amor de la mujer.

Señor, en nuestra vida recibimos infinadad de lecciones que nos dejan indiferentes, pero esto no nos sucede cuando nos mandas a alguien como Jesús, un hermano, un “extranjero”, un amigo o un director espiritual que camina junto a nosotros en búsqueda de la verdad. Nos dicen: “tengo que comunicarte algo” y esperan nuestra reacción antes de continuar. Nos cuentan una parábola y dejan que descubramos por nosotros mismos, la lección que nos quieren enseñar, asegurándonos que estamos en lo correcto.
Gracias Señor, por estos maestros.

Señor, cuando asumimos un cargo de autoridad en la comunidad, rápidamente nos convertimos en fríos y ‘profesionales’ en nuestra relación con la gente. Ya no los acogemos con calidez ni les mostramos signos de afecto. Y esto es así porque somos autosuficientes.
Pero tu Señor, parece que siempre nos mandas a algún ‘Jesús’ que nos recuerda cuántas cosas deben perdonarnos los otros y nos ayudan a reconocer quienes somos.

Señor, cada uno de nosotros es un pecador, esperando en las sombras y necesitado de ser reconocido y aceptado.
No dejes que el fariseo que tenemos dentro reprima la parte “buena” que no quiere ser tocada por el pecado. Entre los padres del desierto, ‘Abba Moses’ fue muy enfático al decir: “Si el monje no piensa en su corazón que es un pecador, Dios no lo escuhará”. Ninguno de nostros posee toda la ‘sinfonía’ ni tiene felicidad sin sombras. Todos vivimos con nuetsras historias de malas elecciones, errores, pecados y oportunidades perdidas.

A este punto creo que es importante recordar a Agustín. Su gran legado a la espiritualidad cristiana es la afirmación que la vida de la gracia puede incluir no sólo la lucha moral y la oscuridad espiritual sino también la conciencia de la radicalidad del caracter condicionado del comportamiento humano, marcado como está por surcos desconocidos que provienen de las experiencias de nuestra infancia, estructuras históricas y sociales y muchos otros hechos de los cuales Agustín tal vez no fue muy consciente, pero de los cuales nuestro tiempo es especialmente sensible.
Si el comportamiento humano es tal, la ‘creacion’ de una vida que descubra las propuestas de Dios, podrá transformar la imagen en semejanza y esto no es imposible aunque adquiera una cualidad totalmente distinta. Debermeos poner el énfasis no tanto en lograr los objetivos sino en la actitud. Lo que hace una vida sólida es la simple confianza o fe en que la mirada y toda la creación contemplan la verdad de manea tal que Dios acepta esas vidas sin condiciones, mirando más la voluntad que los hechos aislados. Dios no pide heroes sino quien ama, no llama a atletas morales, sino varones y mujeres conscientes de su propia necesidad de ser aceptados, de descubrir su propia identidad en la búsqueda de la comunión con el ‘otro’ eterno.

Se nos han dado:
- Ojos: para ver y oidos: para escuchar
• Lenguas: para hablar por los inocentes... y las culpas, para rezar, alentar, apoyar. Para proclamar, a tiempo y a destiempo, la nueva que es, la Buena Nueva.
• Manos: para alcanzar y sostener a los temerosos, proteger al débil, levantar al caído, compartir las cargas pesadas y secar las lágrimas, construir, no quedarse en la tristeza, para bendecir el trabajo y dar sustento.
• Mente: para juzgarnos a nosotros mimsmos y no a los otros, juzgar las situaciones y no los motivos; para encontrar soluciones y no excusas, para discernir lo esencial de los meramente deseable.
• Corazón: para sentir, intepretar los motivos escondidos detrás de las palabras que se dicen, para abrir las puertas que cierra la desesperación, para descubrir lo mejor de los otros y hacerlos libres, para entender y perdonar o simplemente perdonar, para amar y curar cicatrices. Con poco amor se perdona poco, con un gran amor el perdón es áun más grande.
• Todas estas cosas que nos ha dado Dios son una ayuda para las personas que están cerca de nosotros para que no duden ni olviden la presencia del Señor entre ellos. Por medio de nuestras acciones, palabras y sensibilidad Jesús podrá tocarlos, hablar y actuar en ellos y así, poco a poco, podrán tener una mayor certeza de su presencia.... Cuando pasamos entre ellos como testimonio, pueden percibir más claramente la imagen de Dios.
Una oración final: Señor, descubre en mi apertura, la apertura del mundo, en mi infidelidad, la infelidad del mundo; en mi sinceridad, la sinceridad del mundo, en mi hipocresía, la hipocrsía del mundo; en mi generosidad, la generosidad del mundo, en mi autosuficiencia, la autosuficiencia dle mundo; en mi atención, la atención del mundo, en mi distracción, la distracción del mundo; en mi deseo de alabarte, el deseo de alabrte del mundo y en mi recuerdo personal, el olvido del mundo. Yo soy de la tierra y la tierra se abre y se cierra a tí por medio de mi cuerpo, mi alma y mi voz. Soy tu sacerdote en la tierra que te pide curación y amor.
Tal vez este sea el momento para todos, de recordar una vez más nuestro llamado a proclamar la Palabra de Dios que cambie y renueve al mundo y a nosotros mismos. Tal vez sea un nuevo lenguaje, incluso no religioso, pero liberador y redentor. Amen.
Ray Francalanza OSA [Malta]