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Informe de la Región de América Latina al Capítulo General


(el informe va acompañada por una presentación de Powerpoint)

América Latina, continente inmenso, lugar de tres de las siete nuevas maravillas del mundo, es la casa de 650 frailes trabajando en el pastoral y 380 hermanos en la formación del seminario mayor (teología y filosofía, incluyendo los sin votos).
La diversidad de sus culturas se refleja en las imágenes de estas maravillas que son simplemente una pequeña muestra de la riqueza de nuestros pueblos. Desde los pueblos indígenas que construyeron civilizaciones grandes, hasta los últimos siglos con las culturas formadas por la mezcla entre europeos y los indios de América y los negros traídos como esclavos, la variedad de culturas y expresiones de fe son extraordinarias. En esta realidad trabajan los Agustinos de América Latina.
México con 225 frailes y 35 formandos es la presencia más grande en dos circunscripciones
Perú con 98 frailes y 95 formandos sigue en tamaño de presencia en 4 circunscripciones
Luego Brasil con 71 frailes y 44 formandos en 4 circunscripciones
Argentina con 41 frailes y 11 formandos
Colombia con 40 frailes y 45 formandos
Las Antillas con 37 frailes y 21 formandos
Venezuela con 34 frailes y 22 formandos
Chile con 29 frailes y 10 formandos
Panamá con 23 frailes y 43 formandos
Ecuador con 21 frailes y 12 formandos
Bolivia con 16 frailes y 29 formandos
América Central con 9 frailes y 13 formandos

En la actualidad ejercen diversos ministerios, siendo los más representativos: las parroquias (34), los colegios (19%), la formación (16%) y las misiones (11%).

Así América Latina representa un foco de crecimiento de presencia agustiniana en medio de una Iglesia muy identificado en las últimas décadas con sus Conferencias Generales del Episcopado. En este marco eclesial servimos la Iglesia.

La Orden en América Latina es parte de una Iglesia que desde 1968 ha marcado nuevos horizontes a través de las Conferencias Episcopales Latinoamericanas. Al terminar el Vaticano II, se realizó una conferencia en 1968 (Medellín) para reflexionar sobre la realidad de la Iglesia a la luz de los documentos del Concilio. Podemos señalar brevemente los siguientes aspectos de la realidad eclesial en nuestro continente:

1) Medellín
Mirando a la realidad de América Latina la Conferencia de Medellín subraya la realidad de la pobreza creciente y la dependencia económica en la que los países de América Latina están muchas veces bajo el control económico de países desarrollados o instituciones internacionales controlados por ellos (ej. el Banco Mundial). A la luz del desafío de esta realidad la Iglesia promueve una opción preferencial por los pobres y hace una llamada a la Iglesia para que viva más sencillamente y así dé testimonio contra el pecado de la pobreza económica, que se define como la falta de lo necesario para vivir dignamente.

2) Puebla 1979
Puebla respondió a la realidad con una llamada a la Comunión y la Participación entre todos, a nivel eclesial y a nivel social y hace una opción por promover Comunidades Eclesiales de Base, que también había tratado en Medellín. A la vez, Puebla hace también una opción preferencial por los jóvenes y comienza a valorar de forma positiva la cultura popular, que es la cultura de un pueblo pobre y que tiene mucha riqueza.

3) Santo Domingo 1992
La Conferencia de Santo Domingo hizo una llamada a una Nueva Evangelización, una frase que primeramente apareció en Medellín pero que fue popularizada por Juan Pablo II. Las grandes opciones de Santo Domingo son por la inculturación del evangelio, el desarrollo humano, y se hace una valorización de las culturas, incluyendo las culturas indígenas.

4) 2007 Aparecida
La llamada de Aparecida por un Continente de discípulos y misioneros de Jesucristo, afirmaba las líneas conductoras de las Conferencias anteriores, subrayando la opción preferencial por los pobres, las comunidades eclesiales de base, la inculturación y el valor de las culturas y su fe popular. También hizo como hilo conductor la dimensión misionera de la Iglesia haciendo una llamada por un Gran Espíritu Misionera para dar Vida a todos, especialmente hacia los pueblos excluidos y a los que todavía no conocen a Cristo.

Las grandes Conferencias Episcopales Latinoamericanas que han reflexionado sobre la realidad del pueblo y han lanzado líneas directrices para la Iglesia, han marcado la realidad de la Orden en diferentes aspectos. El tema más destacado que se repite en cada uno es la realidad de la pobreza material y como la brecha entre ricos y pobres sigue aumentando en vez de ir cerrando. Después de Medellín cada conferencia repite esta misma observación, entonces la brecha en 2007 es mucho mayor que la brecha en 1968.
Mientras que sus conclusiones llevan a unas circunscripciones a cambios significativos, otras no se ven muy influenciadas por los documentos. Sin embargo, a partir de Santo Domingo, la Orden en América Latina decidió responder a la llamada de una Nueva Evangelización, con un programa de revitalización y conversión que se llamó Proyecto Hipona: Corazón Nuevo que llegó a su terminó en 2007 y promovió un proceso de diálogo para ayudar a la Orden a dar testimonio de Santidad Comunitaria al mundo como aportación especial de la Orden a la Nueva Evangelización. Su meta fue “Promover en la Iglesia, inmersa en la sociedad, un dinamismo de conversión y renovación permanentes, por el testimonio de santidad comunitaria de la Orden en América Latina” y la evaluación final subrayó los muchos logros del proyecto.

Hay muchas luces, y también sombras relacionados con nuestra presencia en el Continente de la Esperanza que el Papa ha pedido que sea el Continente del Amor. Solo podemos señalar unos aspectos de la cultura que nos desafían como Orden en América Latina y finalmente mirar a la formación, temas críticos para nuestros futuros.

Hemos entrado en la postmodernidad, la edad del subjetivismo y la muerte de los metarelatos, donde va tomando cada vez más cuerpo el individualismo, el narcisismo, y la globalización. Aún así podemos destacar como tendencias positivas, la creciente conciencia del valor de la persona, la relevancia del papel de la mujer, valoración de la ecología, sensibilidad creciente ante el valor de la vida, la justicia y la paz, valoración de las propias culturas, la búsqueda de un nuevo orden económico mundial, creciente responsabilidad del hombre frente al futuro, mayor diálogo ecuménico y apertura a nuevas experiencias religiosas.

El verdadero aporte que podemos dar como agustinos religiosos estriba en ser puntos referentes, que no nos distingamos tanto por el hacer como por el ser, hombres de talante profético que denuncian lo que hay de inhumano en nuestro mundo y testimonian con su vida que sólo Dios da fuerza, plenitud y sentido a la vida.

LA REALIDAD.- Problemas del entorno: Los problemas más frecuentes del entorno con que nos encontramos los Agustinos en América Latina podríamos resumirlos así:
- La pobreza y sus múltiples consecuencias
-La inconstancia, la pasividad y el conformismo.
-El inmediatismo de vivir al día.
-La penetración de la cultura exterior con efectos alienantes y desestabilizadores.
-La desintegración familiar y machismo.
-El alcoholismo, la prostitución y la drogadicción.
-Corrupción ético-moral generalizada en estructuras sociales.

Problemas en la labor pastoral.
Todas las circunscripciones tienen un amplio campo de trabajo. No llegamos a buena parte de la población más que puntualmente.
-Activismo y variedad de actividades (individualismo) como resultado de lo anterior
-Nos falta aún mucha inculturación.
-El secularismo y el consumismo, lo mismo que las sectas, van avanzando y nos interpelan

Problemas en el trabajo en equipo.
-La constitución de comunidades chicas y con labores que no convergen en ritmos ni horarios hacen difícil el trabajo en equipo, relegando el tiempo comunitario muchas veces a la mínima expresión.
-La coordinación de la pastoral no es asumida por todos ni participan todos los religiosos.
-Frecuentemente la coordinación comunitaria se entiende como reparto de tareas en una conversación informal durante la comida o la programación periódica del capítulo o la Asamblea anual.

EL DEBER SER.- Aspiramos a ser fraternidad inspiradora de comunión y comunidad, testigos de la unidad en la diversidad, granos de un mismo pan para todos en pro de una Iglesia comunidad de comunidades que sigue las propuestas eclesiológicas de las Conferencias Episcopales.

Tras las huellas de la primitiva comunidad cristiana queremos encarnar hoy y aquí la interioridad, la vida común y la actitud de servicio a esta Iglesia para la construcción del Reino. Esto nos exige oración y estudio, hacer realidad la comunión de bienes frente a tanto individualismo y egoísmo, evangelizar con sello comunitario, abrirnos más a los laicos y a los jóvenes y sintonizar con el desafío de las fronteras donde Dios llora.

Frente a la autoridad como poder postulamos la autoridad como servicio que busca darse en y para el bien común. Es decir, un estilo de vida comunitario y corresponsable que se abre a la participación, el diálogo y la disponibilidad de todos.

Quizá el criterio de validez más evidente de la vida común sea la capacidad que tengamos de compartir los bienes tanto espirituales como materiales. Necesitaremos entonces el testimonio de una vida sencilla, austera, cercana a los humildes y a los pobres, donde nada sea tenido como propio sino todo común.

Para enfrentar estos desafíos necesitamos asegurar una formación religiosa adecuada y continua. Y miramos un poco la realidad de la formación en América Latina.

Una de las señales positivas de los últimos años en América Latina fue la creciente conciencia de la necesidad de promover las vocaciones autóctonas. Considerando esto como una dimensión esencial de la inculturación del evangelio y la vida agustiniana al servicio de la Iglesia, todas las circunscripciones han hecho un gran esfuerzo en la promoción vocacional. Podemos señalar las siguientes “luces” en este proceso:
- hay un aumento significativo del número de hermanos en la formación inicial a partir de la década de los 90.
- hay un mayor espíritu de colaboración en la formación. Durante los últimos años tenemos noviciados inter-circunscripcionales en Venezuela, Brasil, y Perú que no dependen de una sola circunscripción sino tienen una responsabilidad compartida.
- El número de novicios sigue constante durante los últimos 17 años, siendo alrededor de 40 cada año

Sin embargo hay ciertas preocupaciones:
- Se ve un alto índice de hermanos que profesan votos simples pero no perseveran hacia la profesión solemne. Hay que señalar que esto parece ser una tendencia también en otras regiones geográficas de la Orden.
- La tarea de la formación ha sido dejada en manos principalmente de los jóvenes religiosos que no siempre reciben una preparación previa, lo que muestra que no hay suficiente aprecio por las dificultades que acompañan este ministerio especial.

La Formación Permanente
La formación permanente es también un área de preocupación. El número en cada circunscripción es insuficiente para poder organizar un programa de formación permanente en la circunscripción misma, y esto exige unir fuerzas para organizar cursos a nivel continental o regional. La OALA ha hecho esto por muchos años, pero la participación nunca es muy alta.

Otra preocupación es que no hay muchos programas estructurados de acompañamiento a los jóvenes de votos solemnes durante sus primeros años de ministerio, con el resultado de un nivel de abandono del ministerio.

Finalmente la preparación de formadores es otra parte no bien desarrollada. Con el aumento de vocaciones y el número de casas de formación hay una necesidad urgente de tener programas de preparación de los formadores, sobre todo en aspectos agustinianos.

Nos formamos para servicio en la Iglesia. La Conferencia de Aparecida ha señalado la necesidad de un nuevo impulso misionero hacia los excluidos. América Latina está marcada por grandes diferencias que resulta de la brecha entre pobres y ricos y que es escandaloso para ser un continente católico. Para este mundo de los excluidos tenemos que propiciar un nuevo impulso misionero ya que el futuro de la vida religiosa tiene que servir de puente solidario entre los incluidos y los excluidos.

Primero que nada, debemos estar concientes de que nuestras comunidades y nuestras actividades no se hallan ajenas a todo lo que pasa en el mundo, mucho más cuando las características de exclusión e inclusión siguen muy presentes.

En ese contexto, la vida agustiniana en América Latina, tiene poco contacto directo con la realidad de exclusión, lo cual nos posibilita un poder ver desde fuera, convirtiéndose en ventaja y desventaja.

Ventaja, porque nos permite ser solidarios y dar una pequeña parte de aquellos dones que Dios nos dio gratuitamente, desventaja, por tener pocas posibilidades de participación de esa realidad.

Dónde estamos y cómo estamos muestra sin lugar a dudas la forma de presencia agustiniana en nuestro Continente, debemos estar concientes que es gracias al esfuerzo de mucha gente, hermanos nuestros que se esforzaron por dar una estabilidad a nuestras circunscripciones, lo que hizo que hoy gocemos de cierta tranquilidad.
Esa inclusión la encontramos en el acceso a la tecnología, en la posibilidad de un buen nivel de vida, en la certeza de que mañana tendremos pocas preocupaciones y ante todo en las seguridades que se nos ofrece desde la vida agustiniana.

La presencia agustiniana, debe cuestionarse con relación a la posibilidad de incrementar propuestas de inserción y compromiso con los excluidos algo que requiere una preparación seria y crítica frente a la realidad de la exclusión y la globalización ya que nosotros somos la última posibilidad de actualización y dignificación de los más pobres. Para alcanzar esta preparación es necesario que tomemos en serio los estudios. En esta manera podemos lograr lo que somos llamados a ser como religiosos en América Latina; estar en la vanguardia de la Iglesia que tiene como misión, en las palabras del Papa, “ser abogada de la justicia y de los pobres.”

El incremento de vocaciones, junto al nuevo rostro latinoamericano de la Orden en nuestro Continente, exige de parte de todos un acercarnos críticamente a la realidad, de tal manera que podamos minimizar los efectos no intencionales de una participación en la sociedad del contentamiento.

Por lo cual nos parece importante que desde nuestro continente, continuemos con las tres exigencias especificadas en los estatutos de la OALA para el mundo de hoy: ser profética, promover un espíritu misionera y ser motivadora de la comunión y unidad.