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XVI Asamblea de OALA:

Audio (Nuevo)

Acta de la Asamblea

Proyectos Aprobados

Palabras de Bienvenido Secretario General

Homilia de Apertura
Prior General

Horario

Evaluaciones de Areas:
- Eduación
- Formación
- Justicia y Paz
- Pastoral

Ante-Proyecto

Ante-Proyecto (Portugés)

Homilia de la Misa de Clausura

Palabras de Despedida Secretario General

Fotos
 

 

 ANTE PROYECTO PARA OALA

CON MIRAS AL NUEVO CAUTRIENIO (2007-2010)


 

I.                    La identidad agustiniana y el contexto

Frente al desafío que se tiene para discernir, reflexionar, en vista de una planificación para el cuatrienio, es importante pensar siempre en la identidad de la vida religiosa agustiniana dentro del actual contexto social, cultural, eclesial y político-económico. La identidad se construye dentro de una realidad concreta y desafiadora. Jamás la identidad es una realidad dada para siempre. Está en devenir, en construirse. Y eso se hace con relación a los diferentes de la realidad histórica que surgen. Lo opuesto de la construcción del devenir de la identidad es la estabilidad, la inmutabilidad, la “mismisidad”. Se vive siempre en un mismo mundo. Por eso la identidad se convierte ininteligible, sin plausibilidad social. Sólo la identidad en permanente interpretación; en íntima relación con la biodiversidad y en permanente transformación.

Si la vida religiosa es experiencia del envío, del éxodo, de la profecía, del desierto, o sea, si Jesús envía a sus discípulos al mundo, para anunciar y hacer presente el reino de Dios en esta tierra ahora, entonces: ¿Qué significa ser “sal de la tierra”, “luz del mundo” y “fermento en la masa” en el actual contexto latinoamericano y caribeño? Si quien entra para la vida religiosa deberá buscar vivir su vida siguiendo el evangelio de Jesús: ¿Qué significa practicar el verdadero culto (Rom 12) a Dios o ser hostia agradable a Dios en la actualidad? Si la vocación viene del Espíritu y es dirigida a la persona llamada: ¿Qué significa ser fiel y obediente a los llamados de Dios en la actual coyuntura? Si la vida religiosa es interpelada a ser ética a partir del imperativo ético del evangelio (Mt 25): ¿Cómo vivir la diaconía de la samaritana a partir de un profético, osado y esperanzado servicio a los pobres y excluidos de la sociedad? Hablar de la experiencia de Dios en la vida religiosa, o de una misma vida religiosa en la trilla del Seguimiento de Dios sólo es posible a partir del criterio de la caridad (1Cor 13,2-3).sólo llevando en serio la práctica de la caridad (amor-solidadridad) es posible recristianizar la vida religiosa.

Ese testimonio de vida religiosa tiene que ocurrir sentro de un contexto presionado por varios factores:

1.                            Una realidad repleta de contradicciones y disparidades (crecimiento de la desigualdad social; encerramiento de las personas en su “yo” y la desvalorización de la co-relacionalidad responsable; concentración del poder en las manos de los que tienen el control tecnológico y el arsenal bélico; el desempleo estructural; un orden económico perverso que profundiza siempre más el abismo entre pobres y ricos; el capital especulativo invadiendo la economía de los países más frágiles, con sus cerca de 13 trillones de dólares en giro permanente; candidatos políticos corruptos, manipuladores y defraudadores de la esperanza del pueblo; los pobres son usados como producto descartable; el pueblo sufriendo y siendo humillado por depender de la seguridad social y de la saludo p´blica, por no tener acceso a una buena educación (cuando estudian), por la mala distribución de la renta, por la emigración desordenada e injusta, por la explotación que viene del narcotráfico y del tráfico de seres humanos, por la morosidad de la justicia; ofertas religiosas de toda índole, que prometen felicidad ficticia y mágica, sin el compromiso con una acción procesual y transformadora; la presencia de nuevos tipos de fundamentalismos, con fuertes tinte idolátricos.

2.                            La globalización neoliberal: más allá del lado positivo de la globalización (propicia una acelerada integración entre pueblos y países del mundo; interacción de culturas y grupos étnicos amenazados, creando extensas redes de defensa de sus derechos; intercambio entre ONGs, etc.) la globalización tiene su lado negativo (la cultura materialista que motiva a las personas al consumismo; afán por el lucro que explota la mano de obra y promueve la aceleración del flujo de bienes y de capital de modo absurdamente desproporcional a la “movimentación” de las fuerzas de trabajo; los medios de comunicación y las TICs (Técnicas de la Información y la Comunicación) modifican comportamientos y transforma el horizonte simbólico de las personas; se altera la identidad cultural de los pueblos, los cuales pierden de vista ideales como la solidaridad, familia, justicia, etc.). En fin, los efectos de la globalización excluyente son sentidos en la pobreza que estampa millones de vidas; en la no valorización del trabajo asalariado, sobre todo de los pobres; en la discriminación y preconcepto con relación a las mujeres de manera especial a la mujer pobre, negra, indígena, campesina.

3.                            Los grandes desafíos de nuestra realidad: la pobreza/exclusión creciente; la inestabilidad social; la falta de inversión (des-inversión) en la persona del prójimo; el deseo mimético con relación al consumo de la élite; la constante violación de los derechos humanos y sociales; la falta de ciudadanía y de una democracia participativa; la amenaza de un desastre ecológico; el pluralismo religioso; la masificación y el anonimato en el mundo urbano.

¡La identidad agustiniana tiene que ser rescatada y revigorizada desde esa realidad difícil, compleja y desafiadora! Es asumiendo con lucidez, ética y esperanza es en ese (sub) mundo que podemos creer en una presencia cristiana, caso contrario, seguiremos siendo parte de la lógica de los que siempre vencerán.

No hay duda de que en el continente latinoamericano y caribeño siempre existió testimonio agustino importante para la acción evangelizadora. Importante es continuar cultivando el espíritu de entrega, encarnación y solidaridad.

La Orden en América latina, vive un momento privilegiado con el incremento de hermanos latinoamericanos y caribeños, eso motiva a una mirada tridimensional: de un pasado construido con distintas visiones y versiones de percepción de la inserción de nuestro carisma, un presente con la dinamización y motivación de las nuevas generaciones y un futuro a ser construido lentamente en la integración dinámica de lo particular y comunitario, como base y fundamento de nuestra presencia agradecida en este nuestro continente.

2. La OALA y los desafíos

Una cuestión seria, que la Asamblea debe profundizar, es (al respecto de) la razón de existir de la propia OALA. Se percibe que el vigor inicial, la dinámica que testimoniaba en las actividades promovidas y en la vsión que los agustinos tenían de la OALA ha cambiado. A partir de la década de los 90 no es la misma, o no se vive la misma “simpatía” por la OALA.

Si existe dificultad en la motivación o en la razón de existir, queda difícil que la OALA sea una entidad que llevará en serio los desafíos presentados arriba. No se puede continuar promoviendo encuentros, congresos, etc. Sólo para cumplir un cronograma. Hay que hacer latir la vena que de vida y sentido de lo que se programa. Tampoco se puede dejar de lado la riqueza de los efectos conseguidos por eventos promovidos por OALA en los últimos años. La cuestión tiene mayor profundidad: ¿Los agustinos están hoy, convencidos de la importancia de participar de la OALA y ser OALA en el continente? ¿Las regiones responden a las exigencias necesarias para que cada región funcione verdaderamente? ¿Los delegados de base realmente ejercen su trabajo? ¿Todas las circunscripciones, o por lo menos la mayoría motivan a sus religiosos a participar de las programaciones de la OALA? Si existe alguna dificultad en alguno de esos puntos es importante saber el por qué y cómo mejorar.

Un problema serio encontrado es el cruce entre programación de la OALA y el proyecto Hipona de revitalización. Siendo honesto yo diría: “el Proyecto Hipona provocó una sangría en la OALA, por el hecho de ser difícil llevar en serio dos proyectos (OALA e Hipona). Ya es hora de priorizar uno de esos trabajos, caso contrario, la sangría, la confusión y el desgaste continuarán. Con esto no quiero quitar el mérito del Proyecto Hipona.

Al final, a pesar de las dificultades pienso que se debe continuar soñando con una revitalización de la OALA. Revitalización que intentará enfrentar los desafíos llevando a consideración los siguientes niveles:

  1. Nivel personal y comunitario.
  2. Nivel eclesial.
  3. Nivel de la Orden.
  4. Nivel de la Sociedad o societario.

O sea, la programación de cursos, congresos… la programación de cursos sobre temas de formación, de educación, de la misión, deberá tener como preocupación responder  a cada uno de esos niveles. Nunca olvidando que nuestra Identidad está en sintonía con el carisma, la espiritualidad, la comunitariedad agustiniana.

III. ¿Qué hacer en el cuatrienio?

Sobre el qué hacer compete a la Asamblea el tomar posición y decidir. Pero me gustaría manifestar mis inquietudes frente a los desafíos presentados:

  1. Desde el contexto actual: Pienso que la OALA debería ayudar a identificar los nuevos “signos de los tiempos”, propios de nuestro Continente; ayudar a fomentar el diálogo en la vida religiosa y en la Iglesia con el mundo de la ciencia, asumiendo una posición inteligente, ética y profética ante de las nuevas tecnologías de manipulación de la vida y de la información; cultivar una nueva sensibilidad pastoral y social marcada por la misericordia, repleta de compromiso y responsabilidad ante las nuevas situaciones que nos interpelan; posicionarse con firmeza frente de la cuestión de la deuda externa y la deuda social; una presencia junto a los pueblos que de esperanza a los pobres e incentive la organización de los indígenas, de los afro-americanos, de las mujeres empobrecidas, de los excluidos, etc.; una actitud crítica delante ante las causas estructurales que provocan la migración forzada de las personas o de las familias.
  2. En cuanto a la evangelización: Contribuir para que las grandes masas hambrientas, en la óptica de la opción por los pobres, pasen de se objetos de los programas gubernamentales neoliberales a sujetos de una sociedad justa y solidaria; trabajar en defensa de los derechos humanos y levantar la voz para defender a aquellos que se callan por ser débiles e indefensos; fomentar una conciencia ecológica, expresión de nuestra responsabilidad por el cuidado de la Creación, don de Dios para toda la humanidad; trabajar por el diálogo inter-religioso como actitud integrante de la acción evangelizadora y contribución para la construcción de la paz en el mundo; asumir las grandes causas de América latina: Nueva Evangelización, liberación, opción por los excluidos y hacer que ellas incidan sobre la misión, las pastoral parroquial, la formación, la educación, etc.
  3. En orden formativo: Empeñarse en la formación permanente de los agustinos en el Continente; trabajar en pro de una formación de los futuros religiosos a partir de valores como la simplicidad y el despojamiento, teniendo presente los desafíos de la realidad latinoamericana y caribeña; incentivar la acción educativa en la Iglesia y en las escuelas agustinas a la luz de una formación a la altura de las exigencias humanitarias en el seno de la sociedad, y no con la mera preocupación del mercado; fomentar tanto la educación de los religiosos agustinos, como de todo el Pueblo de Dios, buscando ser presencia en la sociedad con libertad de conciencia y compromiso con la justicia social; incentivar una formación crítica que se opone al clericalismo, fundamentalismo y neo-conservadurismo.

Espero que con estos ítems arriba mencionados puedan favorecer un trabajo efectivo y dialogante de la Asamblea con miras a elaborar y aprobar el plan de trabajo para el próximo cuatrienio.

Frei Luiz Augusto de Mattos osa