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Chulucanas, tierra que da frutos de fe La misión
empezó por los años sesenta, respondiendo al llamado que el Papa Juan XXIII
hiciera a las Órdenes religiosas para esta parte de América. Desde entonces,
los misioneros Agustinos de los Estados Unidos y México trabajaron arduamente
por establecerla y encarnar el Evangelio
Y, en el contexto aquellos hechos, ya a principios de los setenta, aparece la figura de un menudo y anciano fraile, lleno del amor de Dios y de un gran espíritu misionero: el hoy “Siervo de Dios” Juan McKniff quien trabajó en la parroquia de San José Obrero desde su llegada al Perú. De él, el padre Juan Lydon describiría cuatro grandes cualidades en 1999 en la visión que tuviera entonces para el Vicariato: su amor a la Eucaristía, a la Santísima Virgen María, su amor a los pobres (quienes eran preferidos en su ministerio) y su disponibilidad para ir donde el Espíritu Divino le enviara.
Damos gracias a Dios por estos acontecimientos que nos muestran su amor hacia nosotros. No podemos pensar y sentir de otro modo, pues, el año pasado hemos tenido tres ordenaciones sacerdotales, dos diaconales y dos profesiones solemnes; estos meses tendremos tres ordenaciones sacerdotales y una diaconal, bendiciones que nos han permitido servir más y mejor al pueblo de Dios en este nuevo desafío que el Vicariato ha hecho suyo. A En conclusión, este hecho ha significado para nuestro Vicariato una gran oportunidad, acaso de carácter misional, fraternal y pastoral, donde se puede aplicar el estribillo de aquella vieja canción nuestra: Todos vuelven a la tierra en que nacieron,… iniciaron… (Pascual Córdova, OSA) |